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Yo también voy al psicólogo.

Afortunadamente los tiempos cambian para algunas cosas, una de ellas es que cada vez es más habitual reconocer la necesidad de acudir a una terapia.

 

No solo las personas acuden a terapia por motivos graves de salud mental, también existen personas que ante molestias o por motivos preventivos asisten a consultas de psicología.

 

Este es un de los cambios positivos que, a mi juicio, se han dado en los últimos tiempos. Aunque menos de lo que a todos los profesionales de la salud mental nos gustaría, es cierto que hay cada vez más conciencia de que la prevención, también en lo mental, es la mejor respuesta para evitar complicaciones futuras.

 

Sin embargo, no todas son buenas noticias. El consumo de ansiolíticos y de antidepresivos continúa siendo preocupantemente alto en nuestro país. Se sabe que existe un alto porcentaje de personas que consumen psicofármacos sin estar sometidas a un proceso terapéutico. No solo la eficacia de esta elección es relativa en el tiempo, sino que además se corre el riesgo de caer en la dependencia de estas sustancias de por vida, necesitar aumentar la dosis para sentir un efecto terapéutico e incluso que la sustancia pierda su función y capacidad farmacológica.

 

Este pretende ser un post de concienciación para la toma de decisiones a la hora de elegir un psicólogo.

 

¿Todo el mundo debería acudir al psicólogo?, sin duda, lo más probable, es que en algún momento de la vida esto debería ser así.

 

¿Por qué?

 

Porque es imposible que alguien lo pueda resolver todo, siempre y bien en algo tan complejo como es la relación con uno mismo y la relación con otros seres humanos. Considero que, si me centro en las relaciones personales, esto de la “necesidad de ir al psicólogo en algún momento del ciclo vital “se pueda entender con mayor claridad.

 

La relación con los padres:

 

En la pubertad, adolescencia y ante elecciones vitales que se deban de tomar en el proceso de crecimiento e individuación. La elección de una carrera, la sexualidad, la emancipación…

 

La relación con los hijos:

 

Cuando se dan circunstancias como la llegada de un hermano y hay situaciones de celos difíciles de resolver, el malestar que provoca el comportamiento de un hijo, cambios de colegios o de lugar de residencia, problemas de comunicación.

 

La relación con la pareja:

 

El deterioro de la comunicación o la imposibilidad para abordar un conflicto del pasado pueden ser objetivos terapéuticos que no cuestionen la capacidad de cada uno de los miembros de la pareja.

 

La relación con los iguales:

 

A veces puede resultar difícil convivir en el trabajo, relacionarse con los compañeros y poner límites. Esto no quiere decir que existen problemas sociales, pero determinadas relaciones o vínculos pueden llegar a saturar. Un ejemplo de “saturación” sería el promovido por dificultades para decir que no, para pedir un favor, para expresar un enfado o una queja, un desacuerdo, un punto de vista…

 

 

La relación con uno mismo:

 

Además, existen momentos vitales, inevitables, en los que se ponen en juego valores y deseos propios. Las crisis son episodios especialmente sensibles para revisar los recursos y la eficacia de los mismos. El fallecimiento de alguien querido, los cambios de trabajo o de responsabilidades, las perdidas en general; ponen a prueba “la relación de uno mismo” y la gestión de las circunstancias de la vida.

 

A veces, es difícil ver la solución si estamos formando parte del problema. Una adecuada psicoterapia ayuda a poner en perspectiva y tomar conciencia de la parte que cada uno está depositando en el conflicto, por lo que favorece que “uno solo” entre comillas entienda que solución quiere y DESEA poner en funcionamiento.

 

¿Por qué tenemos que afrontarlo todo solos?, ¿por qué no pedir ayuda?, ¿es que lo tenemos que saber hacer siempre todo bien?, ¿es que somos o debemos de ser perfectos? La respuesta a todas estas preguntas, desde mi forma de comprender al ser humano, es NO. Las personas están siempre en evolución y siempre en aprendizaje, nunca se llega al final, nunca se llega a saberlo todo y no se alcanza la perfección. Podemos mejorar nuestras condiciones y para eso, a veces, habrá que pedir ayuda.

 

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