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¿Valores en el deporte?… Padres a puñetazo limpio.

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El pasado lunes 3 de abril, tuve la oportunidad de participar en el programa de televisión “Enfoque” (Canal Diocesano de Toledo) para opinar sobre los valores en el deporte. En el que se exponían opiniones sobre las lamentables y bochornosas imágenes de padres pegándose en partidos infantiles. Hoy mismo, mientras preparaba este artículo (10 de abril 2017) volvían a repetirse estos acontecimientos en un partido de fútbol base.

Estas imágenes nos han “sorprendido, avergonzado, impactado…” Entre estos sentimientos se han despertado cuestiones como las de: ¿cómo podemos llegar a ponernos así delante de nuestros propios hijos?, ¿cómo es posible que nosotros, los adultos, que estamos educando, lleguemos a perder tanto el control y las formas?, ¿qué podemos esperar de las futuras generaciones al observar que los conflictos se solucionan a bofetada limpia?

Afortunadamente considero que no todo es negativo por dos razones: son los menos, los padres que deciden pegarse para dar rienda suelta a su frustración; y siempre podemos reflexionar, entender y aprender de lo que sucede en estas situaciones para no repetir.


Desde el ámbito de la psicología quisiera explicar las diferencias que encontramos entre los padres que ejercen una adecuada función y comportamiento parental en situaciones como la citada (deporte escolar), y los padres que ejercen la violencia y la amenaza como solución.

La psicóloga Madó González, cita en un artículo y entrevista a medios de la voz de Galicia una “clasificación” recogida por otro psicólogo del deporte ( Frank L. Smoll) . En ella habla del padre excesivamente crítico ( aquel padre que identifica sus logros con los del hijo y se convierte en el entrenador del hijo tanto fuera como dentro del campo), padre no implicado ( aquel que no se interesa por cuestiones tan importantes como es el desarrollo de las competencias relacionadas con el deporte en su hijo ), el padre sobre protector ( que teme que a su hijo le pasen cosas que él no pueda evitar, por lo que actúa precipitadamente) y el padre bien dirigido ( que es aquel padre que puede ejercer la función de padre adecuadamente a pesar de situaciones de tensión, presión o inseguridad vividas por el hijo ). Por supuesto, me refiero en todo momento a padre y madre cuando uso la palabra padre, y a hijas e hijos al acudir a la palabra hijo.

Basándome en esta clasificación, los padres que tienen más riesgo de ejercer una conducta violenta, en público, delante de sus propios hijos y de otros menores, poniendo en evidencia tanto los valores familiares como los valores del deporte, son aquellos padres que:

  • Identifican los logros del hijo con sus propios logros. Es decir aquellos para Smoll excesivamente críticos y que yo denominaré padres narcisistas. Estos padres no pueden asumir que su hijo está en desarrollo y que necesitan un ritmo propio para lograr objetivos, se olvidan del hijo, en el sentido en el que borran sus características (edades, preferencias, sentimientos… ) en detrimento de los propios. Esto quiere decir que el niño tiene que ser lo que el padre desea que sea y no lo que el niño, en su propia subjetividad, desea ser.

Hoy en día existe una gran representación de estos padres, debido también a los mandatos que sienten de la sociedad. Los hijos tienen que culminar o continuar con los logros que quedaron por el camino: hay que ser listo, un líder, guapo y muy popular.

Nos podemos hacer una idea de la presión que sienten los hijos de estos padres. La presión junto con el temor de decepcionar, lleva a estos niños a tener un gran miedo al fracaso, a la equivocación y al ridículo. Además, generan vínculos en los que son valiosos solo en la medida en la que consiguen alcanzar las metas impuestas desde fuera y que en un acto automático hacen suyas.

Muchas veces los niños llegan a sentir un profundo malestar al estar realizando actividades en las que no sienten el deseo de realizarlas y todo se vuelve una obligación. Ya no hay placer por el juego, hay que ganar sí o sí.

Los niños bajo presión repetirán conductas de violencia por dos motivos: por la observación de este modo de resolver conflictos en sus propios padres  (modelos idealizados de cómo hay que hacer las cosas para un niño de edad escolar) y por la dificultad, propia de la edad, para hacer una buena tramitación del estrés y no responder de manera impulsiva.

  • Los padres que no toleran la frustración de la frustración de sus hijos son el segundo tipo de padres que tienen más riesgo de responder de forma violenta en situaciones como las que estamos y tratando. Si en el primer caso los hijos “deben ser perfectos” para que yo sea un padre perfecto, o los demás me vean así, en este caso los padres se ponen en la obligación de ser perfectos y que a sus hijos no les pase nada que ellos no puedan evitar. Son los padres que siempre saben lo que sienten, piensan o desean sus hijos (algo del todo imposible) y sienten que ellos son los que deben de dar a su hijo todo lo que necesitan. En esta circunstancia la presión para ellos es enorme. No pueden soportar ver a su hijo en una situación, valorada por ellos mismos, como de riesgo; y actúan precipitadamente para que su hijo no pase un mal momento. Esto limita las posibilidades de que su hijo sea autónomo y desarrolle recursos propios de afrontamiento.

Aquí, en este caso, la confianza tanto en el propio hijo como en el entrenador (y por extensión en el profesor, los cuidadores, incluso en casos extremos, la confianza en la propia pareja) está en números rojos.

Estos padres lo pasan muy mal debido al alto grado de angustia y a la imposibilidad de “salvar al hijo” ( y así a ellos mismos) de absolutamente todo, que actúan precipitadamente y muchas veces de modo violento.

Esta cuestión de los valores en el deporte, nos traslada por supuesto a los valores de la familia y a la sociedad en su conjunto. Algunas cuestiones como ¿qué necesita mi hijo de mí y no yo de él?,  ¿qué es importante que APRENDA?, ¿ tiene que aprender mi hijo cosas de otros?, ¿ se lo puedo yo enseñar todo? Tocan de lleno en el núcleo del problema.

Como decía la psicóloga Madó González, hay demasiados padres que quieren que sus hijos sean Ronaldo y Messi. Hay demasiados padres,  y esto lo digo yo, que tienen una dificultad tanto para confiar y ver los recursos de sus hijos como para mirar al niño como alguien distinto con su propio proceso de aprendizaje, que no ha venido a este mundo para satisfacer nuestro narcisismo.

Hay esperanza, al menos uno de estos últimos padres que tuvo este penoso comportamiento tuvo la valentía de pedir disculpas  ¿Será que nosotros los adultos también tenemos mucho que aprender?

* Programa “Enfoque”:  Valores del deporte.

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