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Una aproximación a los síntomas de la depresión: “No mires hacia otro lado”

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) la depresión es la principal causa mundial de discapacidad, existiendo más de 300 millones de personas en el mundo que la padecen, lo que supone alrededor del 20% de la población.

Esta organización también alerta de que todavía hoy, muchas personas que padecen depresión, no reciben la atención adecuada. Esto según apuntan se puede deber, entre otras cosas, a la falta de recursos, la falta de personal sanitario especializado, la falta de información sobre el tema en la población, a una evaluación clínica inexacta no especializada, o al miedo o estigma que todavía hoy acompaña a la patología mental. A través de este post vamos a intentar acercarnos a este problema de salud tan costoso para el que lo padece, los que le rodean, e incluso para la sociedad, al poder implicar un alto coste económico derivado de las bajas laborales y las consecuencias que puede acarrear una depresión no detectada, no adecuadamente tratada, o que se ha dejado evolucionar sin ayuda de ningún tipo (psicofármacos, hospitalizaciones, muerte, etc.).

 

Casi podríamos decir que hay tantas depresiones como personas deprimidas. Y es que la depresión en ocasiones puede ser “puñetera” y no aparecer de manera típica, incluso estar “enmascarada”, pero hay una serie de síntomas que voy a intentar dejar aquí reflejados para que no miremos hacia otro lado si conocemos a alguien con ellos, o somos nosotros mismos los que los padecemos. No tienen por qué estar todos los síntomas, pero el objetivo de este texto es que los conozcáis para poder pedir ayuda profesional lo antes posible si reconocéis alguno de ellos.  De hecho algunas fuentes bibliográficas apuntan a que la mitad de los casos niegan tener síntomas depresivos y no parecen estar particularmente deprimidos, por lo que conviene estar muy atentos y conocer todos.

 

 

COMENZAMOS POR EL TÉRMINO DEPRESIÓN…

 

Empezamos deteniéndonos en el término depresión, que puede escucharse con tres significados básicos: como síntoma, como síndrome (entendiendo como tal a un conjunto de síntomas) o como enfermedad. La depresión como síntoma alude a la vivencia de tristeza, al “sentirse triste”, y a pie de calle el término puede ser utilizado para aludir a un estado de ánimo. Sin embargo, la tristeza de la depresión como síndrome o enfermedad es lo que en salud mental conocemos como “tristeza patológica”, tristeza a la que nos referimos también los profesionales de dicho campo cuando hablamos de la depresión como síntoma.  La depresión puede ser también un síndrome o conjunto de síntomas que aparezcan en otra patología mental o física, o formando parte de la depresión como enfermedad, existiendo varios tipos de cuadros clínicos depresivos.

 

SÍNTOMAS NUCLEARES de la DEPRESIÓN

 

La tristeza patológica, que también puede ser denominada humor depresivo, es el síntoma nuclear de la depresión. Se caracteriza por su cualidad negativa, desagradable, displacentera, difícil de expresar, y a veces difícil de percibir por su naturaleza íntima y personal. La expresión verbal de este sentimiento varía según su intensidad y las características personales de quien la padece. Algunos de las palabras más utilizadas junto a la de tristeza son “falta de ilusión”, “vacío”, “pena”, “congoja”, “desespero”, o “dolor”. En los casos más graves quien padece de depresión puede quejarse de “vacío interno” o de “falta de sentimientos”, y es que se puede llegar a ser incapaz de sufrir o preocuparse por otros sentimientos que no sean el de su tristeza patológica, sin poder sentir alegría o placer, compasión o dolor por hechos desgraciados que hacen sufrir a los suyos, y que en otras épocas de su vida les podían conmover mucho. Alguien con esa tristeza patológica puede llegar a situaciones de intensa indiferencia e incluso de lo que denominamos “anestesia afectiva”, es decir, la incapacidad de sentir nada. En ocasiones la tristeza patológica puede no ser tan evidente al quedar oculta por la sintomatología restante del síndrome o enfermedad.

 

Como decía anteriormente, uno de los síntomas básicos de la depresión es el estado de ánimo deprimido o tristeza patológica; y el otro gran síntoma sería la pérdida de interés o capacidad de obtener placer, denominada anhedonia. Quien tiene anhedonia tiene disminuida o abolida la capacidad de obtener placer en circunstancias que antes sí que lo hacían. En las formas leves, puede expresarse como una dificultad para mantener la concentración y el interés en las actividades habituales, lo que puede derivar en una tendencia cada vez menor a formar parte de dichas actividades. Existe un bloqueo de la capacidad de recompensa ante estímulos habitualmente placenteros y reforzantes, lo que lleva al sujeto al aislamiento, a la improductividad, al replegamiento en sí mismo. Podríamos resumir este apartado diciendo que “nada les alegra, nada les motiva y nada de lo que antes les interesaba lo hace ahora”.

 

OTROS SÍNTOMAS EMOCIONALES de la DEPRESIÓN

 

Tanto la tristeza patológica, como la anhedonia, formarían parte de lo que podríamos catalogar como síntomas emocionales. Pero hay otros, la persona deprimida también puede expresar otros afectos como la indiferencia o apatía, la disforia, la ansiedad y angustia, la irritabilidad, etc.

 

La apatía supone un estado de indiferencia que invade por completo a la persona en todas sus actividades, que “ni siente ni padece” en diversos contextos. La disforia sería el humor displacentero al que se llega a través de la confluencia de diferentes emociones o sentimientos de tonalidad negativa, como serían la ansiedad, el malhumor, el sufrimiento angustioso o la irritabilidad. Quien está “disfórico” se queja amargamente, se muestra pesimista, enfadado, amargado y puede presentar episodios de agitación motora. Muy ligada a la disforia está la irritabilidad que se puede manifestar en reacciones desproporcionadas e injustificadas, a veces violentas, ante diferentes estímulos.

 

La ansiedad y la angustia van de la mano, aunque la primera hace más alusión al componente psíquico (ansiedad) y la segunda al componente físico o somático (angustia). Estos síntomas pueden observarse en la persona deprimida, aunque por sí solos y de forma aislada, constituyen otro síndrome patológico. La ansiedad secundaria a la depresión puede suponer un estado de alerta continuado que se puede experimentar entre otras maneras como un miedo intenso sin causa conocida, como si tuviera que ocurrir algún acontecimiento terrible o doloroso. Dicho estado de alerta se acompaña de inquietud, intranquilidad, desasosiego, desesperación y necesidad urgente de alivio y ayuda.

 

SÍNTOMAS COGNITIVOS de la DEPRESIÓN

 

En primer lugar podemos encontrar una deceleración o inhibición del pensamiento, que denominamos bradipsiquia, y que se puede reflejar en dificultad de ideación o para generar ideas, indecisión, dudas, escrúpulos morales repetidos, monotonía en las ideas. Existe una disminución general de la capacidad para discurrir y concentrarse, en ocasiones se pueden observar hasta bloqueos en el pensamiento. Consecuencia de estas alteraciones en el curso del pensamiento se puede observar una disminución de la velocidad del habla, respuestas escuetas o incluso con monosílabos. Puede encontrarse un aumento de la latencia o tiempo que se tarda en dar respuestas a preguntas. Todo ello es el reflejo de un empobrecimiento en ideas, asociaciones de pensamientos, etc.

 

El contenido del pensamiento en los enfermos se caracteriza por una tonalidad negativa, pesimista, desagradable y que puede abarcar un amplio campo de preocupaciones, rumiaciones (pensamientos repetitivos o en círculo) negativas y penalidades que incrementan su sufrimiento. Las ideas de la persona deprimida pueden girar en torno a los mismos temas, sin poder controlarlo, lo que les genera gran ansiedad. Entre los contenidos se pueden encontrar la tendencia a desvalorizarse y a considerarse como persona indigna, culpable o responsable de cuantas desgracias puedan sobrevenir a sí mismo y a sus seres queridos. Tanto el futuro como el pasado pueden estar marcados por malos augurios, desgracias y auto reproches. Se pueden instalar en la desesperanza, el desamparo propio y el sentirse desventurado. Podríamos decir que el pensamiento depresivo está marcado por distorsiones y conceptualizaciones no realistas de uno mismo y del entorno. Se pierde la autoestima y se puede llegar a verbalizar ideas sobrevaloradas (convicciones o creencias, comprensibles y aceptables, que dominan la vida del que las padece, sostenidas más allá de la razón) de inutilidad, incapacidad, desesperanza, incurabilidad, hipocondría, culpa o ruina. Dichas ideas pueden adquirir características delirantes (ideas inaccesibles a la argumentación lógica). El deprimido se puede sentir a la vez culpable y víctima de todo, un fiasco que no sirve para nada, y en este contexto también pueden aparecer ideas recidivantes de muerte y/o suicidio ante el convencimiento de que su incapacidad durará para siempre.

 

Las funciones cognitivas pueden verse alteradas, especialmente la atención, la concentración, la memoria, la capacidad de aprendizaje, la fluidez verbal y el tiempo de reacción. Es habitual que se quejen de parecer “tontos”, y no es de extrañar que en personas mayores la depresión se confunda con un principio de demencia. De hecho, a este deterioro cognitivo de la depresión se le conoce como “seudodemencia depresiva”

 

 

SÍNTOMAS SOMÁTICOS, FÍSICOS o PSICOBIOLÓGICOS de la DEPRESIÓN

 

La mente, las emociones y el cuerpo están estrechamente ligados, y la depresión puede conllevar diferentes alteraciones a nivel del cuerpo. Podemos encontrar astenia (cansancio o fatigabilidad), en el contexto de una falta global de vitalidad o energía (anergia). También pueden estar presentes cefaleas o dolores de cabeza, dolores musculares y de articulaciones, digestiones “difíciles”, “pesadas” o “ralentizadas” acompañadas de dolores, estreñimiento o diarrea, etc. Además la depresión puede asociar trastornos del equilibrio como vértigos o sensación de inseguridad en la marcha.

 

Muchas veces también va acompañada de pérdida de apetito y del placer que antes daba dicha actividad, lo que puede acarrear pérdida de peso o darse ésta sin más. En otras ocasiones, sin embargo, puede aparecer hiperfagia o aumento de apetito, e incluso atracones, que pueden conllevar un aumento de peso. Es muy típica también la pérdida de la libido, y es que el sexo es de lo último que le puede venir a la cabeza a quien no tiene ganas de nada. También puede aparecer falta de erección en el varón o frigidez en la mujer.

 

Muchos enfermos se encuentran peor por la mañana, encontrándose adinámicos, asténicos, con falta de vitalidad y de iniciativa. En muchas ocasiones los pensamientos son más negativos e intensos en las primeras horas del día. La clínica mejora por la tarde, llegando algunos pacientes a encontrarse “casi normales” en las últimas horas de la tarde y primeras de la noche. A pesar de ser esto lo más típico, otros sufren un empeoramiento vespertino con mejoría matutina.

 

El ritmo del sueño también suele estar alterado. Es muy típico el despertarse antes de lo habitual y no poder volver a dormirse, viéndose dominado por la frecuencia e intensidad de pensamientos o rumiaciones depresivas, lo que suele generar gran ansiedad. Otros pueden tener dificultades para conciliar el sueño o encontrarse somnolientos durante gran parte del día e incluso presentar hipersomnia diurna.

 

SÍNTOMAS CONDUCTUALES de la DEPRESIÓN

 

Otro gran grupo de síntomas serían los síntomas conductuales entre los que podemos encontrar llanto inmotivado, alteraciones de la actividad psicomotora, disminución del rendimiento en diferentes aspectos de la vida diaria, y tendencia al aislamiento. La motricidad puede encontrarse comprometida, enlenteciéndose los movimientos, disminuyendo la cantidad o velocidad de gestos faciales (hipomimia). Al sumarse la falta de motor interno, “nada les moviliza”. Paradójicamente, en algunos casos, también puede existir agitación psicomotriz o aumento de la actividad motora e inquietud, alternándose con el enlentecimiento, o sin él.

 

Es típica la postura desplomada, encogida o encorvada, encerrando su cuerpo entre sus brazos, y con la cabeza o miranda hacia abajo, una mirada que suele reflejar abatimiento. También puede haber escaso cuidado personal o dejadez.

 

Este cuadro puede llevar a aislamiento, improductividad, absentismo, o conductas patológicas como abuso de sustancias para intentar aliviar el malestar, o conductas autodestructivas.

 

FINALIZANDO…

 

Como se suele decir, “el tiempo es oro”, y más cuando estamos hablando de este cuadro, que conviene detectarlo a tiempo. La depresión implica un mayor riesgo de presentar otros trastornos asociados como son el abuso o dependencia de alcohol o de otras sustancias, trastornos de ansiedad, trastornos obsesivo-compulsivos, fobia social, etc. Por ello, y por los costes que puede implicar la evolución de este cuadro sin tratamiento, resulta muy importante no mirar hacia otro lado si nos encontramos con este tipo de síntomas, y consultar ante la mínima duda, con un profesional que haga un poco más fácil el gran sufrimiento que conlleva y  que ayude a ponerle fin con el adecuado tratamiento.

 

Afortunadamente la depresión se pasa, tiene tratamiento, y no tenemos que tenerle miedo puesto que puede significar un nuevo comienzo o un fortalecimiento de quien la padece. Y para finalizar, aprovecho para recomendar a los lectores el vídeo que la OMS realizó para acercar el fenómeno de la depresión a la población, y que se puede encontrar fácilmente en internet, “Yo tenía un perro negro: su nombre era depresión”.  En dicho video se habla de la depresión utilizando la metáfora de un perro negro que acompaña a quien la padece. No podemos dejar ganar la batalla al perro negro y conviene solicitar ayuda cuando éste todavía es pequeño.

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