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Trastornos del sueño

Los problemas de sueño se presentan de manera muy frecuente en la población general y en algunos casos, el diagnóstico se retrasa incluso varios años por falta de información o reticencia a consultar sobre ello. Dado que se sabe que durante el sueño se producen unos procesos cerebrales importantes a nivel de las conexiones neuronales, la memoria, la creatividad y la resolución de problemas… parece importante conocer algo más acerca de estos trastornos del sueño y sobre todo qué medidas podemos adoptar para optimizar nuestro sueño nocturno y por lo tanto también nuestro rendimiento y bienestar durante el resto del día.

 

 

Problemas de sueño y su manejo

 

Hace unas semanas estuvimos hablando de cuáles son las funciones y las fases del sueño y de qué variaciones existen entre las distintas personas y etapas de la vida dentro de la normalidad. En esta ocasión nos centraremos en algunos problemas de sueño y en las recomendaciones para mejorar nuestro hábito de sueño.

 

INSOMNIO

Consiste en la dificultad para iniciar el sueño en menos de 30 minutos, para mantener el sueño a lo largo de la noche o bien en el despertar precoz (antes de la hora deseada). Se considera insomnio agudo cuando dura menos de 3 meses y crónico cuando dura 3 meses o más.
Algunas veces, también se llama insomnio a la sensación subjetiva de “no-descanso” durante el sueño o de un período de sueño demasiado corto que suele tener como consecuencia excesiva somnolencia durante el día, irritabilidad, dificultades de concentración, cansancio…

La mayoría de las personas no duermen bien siempre, puede haber variaciones en cada persona en función de estresores externos, épocas del año, condiciones ambientales, enfermedades… Si una persona duerme mal durante unos días pero mantiene su rutina normal, es probable que al cabo de unos días o semanas, recupere el ritmo de sueño previo. En cambio, si esta persona comienza a mostrarse muy preocupada por dormir mal y anticipa que esta situación y sus consecuencias se van a mantener en el tiempo, tiene mayor riesgo de desarrollar un insomnio crónico que precise un tratamiento específico más complejo.

 

HIPERSOMNIA O EXCESIVA SOMNOLENCIA DIURNA

Consiste en la sensación de sueño durante el día o la tendencia a dormirse en un momento poco apropiado.

Puede deberse a factores intrínsecos (narcolepsia, síndrome de piernas inquietas, síndrome de apnea del sueño…) o externos (privación de sueño, alteración del ritmo por jet lag o el trabajo a turnos, toma de fármacos, abuso de sustancias…). Siempre que sea posible, el tratamiento de la hipersomnia debe ser el de la causa que lo produce. Si no es posible, se debe recurrir a medidas de higiene del sueño y en casos más graves a tratamiento farmacológico.

Algunas enfermedades que cursan con somnolencia diurna excesiva como síntoma principal, como es el caso de la narcolepsia, pueden presentar además otros síntomas relacionados con el sueño como cataplejía, parálisis del sueño, alucinaciones hipnagógicas o hipnopómpicas (normalmente  visuales), conductas automáticas; problemas de memoria o del estado de ánimo…

Otras enfermedades que cursan frecuentemente con hipersomnia son los trastornos respiratorios como el síndrome de apnea obstructiva del sueño o síndromes de hipoventilación secundarios a procesos orgánicos, obesidad o sustancias.

 

ALTERACIONES DEL RITMO CIRCADIANO

El sueño está regulado por el “reloj biológico” que se encuentra en una zona del cerebro llamada hipotálamo y se encarga de dar la señal para iniciar y finalizar el sueño al resto del cerebro. En condiciones normales, este centro regulador del sueño se activa al disminuir la luz al anochecer, lo que hace que sintamos sueño y se desactiva por la mañana. La exposición a luz artificial, factores hormonales, algunos fármacos, problemas oculares, actividades como el ejercicio, la dieta, el trabajo a turnos, el jet lag… pueden producir alteraciones de este mecanismo.

TRATAMIENTO GENERAL DE LOS TRASTORNOS DEL SUEÑO

Antes de indicar un tratamiento para un problema de sueño, siempre es preciso realizar una historia clínica exhaustiva que permita realizar un diagnóstico diferencial de los síntomas del paciente e identificar los probables factores causales.

Una vez hecho esto, en algunos casos, será necesario realizar pruebas específicas para confirmar algunos diagnósticos. Estas pruebas son analíticas, la Polisomnografía,  el Test de Latencias Múltiples de Sueño y con menor frecuencia la medición de hipocretina en líquido cefalorraquídeo (reducida en personas con narcolepsia), estudio genético…

 

Siempre que sea posible, el tratamiento del problema de sueño debe ser el de su causa, es decir, si se considera que el insomnio crónico de una persona tiene su origen en el empleo de sustancias estimulantes, debería abandonar este hábito para solucionar el problema de sueño.

 

A la hora de resolver o mejorar los problemas de sueño, el primer factor a tener en cuenta son las medidas de higiene del sueño:

  • Crear un ambiente propicio en el dormitorio: mantener la oscuridad, un espacio libre de ruidos y una temperatura agradable.
  • Acostarse en la cama solo cuando se tenga sueño. No se recomienda leer, ver la televisión o escuchar la radio en la cama. Si después 20 minutos no es posible conciliar el sueño, es aconsejable levantarse y realizar una actividad tranquila hasta que se tenga sensación de sueño de nuevo. Evitar quedarse dormido fuera de la cama.
  • Levantarse todos los días a la misma hora, incluidos los fines de semana y vacaciones.
  • No dormir siesta y en caso de hacerlo, no exceder los 20-30 minutos.
  • Limitar el tabaco, café y bebidas alcohólicas, especialmente las horas previas al sueño.
  • No tomar comidas copiosas antes de dormir.
  • Realizar deporte a lo largo del día, pero evitarlo durante las 3 horas antes de acostarse.

 

El tratamiento farmacológico es necesario en algunos casos en los que estas medidas son insuficientes. Los más frecuentes son los medicamentos hipnóticos, antidepresivos, estimulantes, oxibato sódico… En todos los casos es necesario un estudio adecuado antes de la prescripción de un fármaco y que esté supervisado por un médico. En el caso del insomnio, es importante saber que el tratamiento farmacológico específico debe ser siempre temporal, hasta que ceda la causa que lo produce o mejoren otros síntomas acompañantes, ya que algunos de los fármacos que se emplean pueden producir dependencia si se emplean de manera continua, incluso a dosis bajas.

 

En muchos casos y especialmente cuando los problemas de sueño se cronifican, una intervención cognitivo-conductual puede ser de utilidad a la hora de realizar los cambios conductuales antes mencionados, analizar y modificar los pensamientos negativos asociados al problema de sueño y reducir la activación emocional asociada.

 

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