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Tecnología, Psiquiatría y Psicología

En los últimos años, hemos asistido a una revolución tecnológica en nuestra sociedad, tanto en el desarrollo como en la aparición de nuevas formas. Esta situación ha repercutido en casi todos los ámbitos de nuestra vida, obligándonos a adaptarnos de forma rápida a un estilo de vida que no siempre comprendemos y del que a veces tenemos escasa información. Sin duda todos estos cambios han producido mejoras en algunos aspectos del día a día, agilizando y optimizando algunas actividades habituales tanto a nivel doméstico, como laboral, de ocio… En la otra cara de la moneda nos encontramos con problemas que ha ido surgiendo a lo largo de estos años en relación con estos avances, como son el aislamiento social (al menos en la parte de interacción humana), las adicciones a aparatos electrónicos e internet, reducción o abandono de ciertas actividades de ocio y un largo etcétera.

 

En el terreno de la salud mental, como no podía ser de otra forma, observamos también las ventajas y desventajas de todos estos cambios, pero ahora nos centraremos en las primeras.

 

Un ejemplo puede ser una mayor accesibilidad de las personas a un tratamiento psicoterapéutico, empleando sesiones por Skype u otros programas. Esto permite elegir o mantener un terapeuta “a distancia” en situaciones de cambio de domicilio, o en las que la persona reside en un país con una lengua distinta a su lengua materna. También permite una comunicación más fluida e inmediata, en algunos casos, en situaciones de crisis.

 

Se han desarrollado también numerosas aplicaciones móviles que facilitan la evaluación, el diagnóstico, la recolección de datos, el seguimiento e incluso el tratamiento de determinadas patologías mentales. Muchas de estas apps han sido  analizadas por expertos para determinar su utilidad en patologías como psicosis, depresión, ansiedad, adicciones, problemas de sueño… Por ejemplo, algunas aplicaciones para la depresión ofrecen consejos prácticos o listas de actividades como apoyo para mejorar el estado de ánimo; otras que aportan instrucciones y recordatorios para que personas con trastorno límite de personalidad mejoren su gestión emocional e incluso existe una aplicación móvil para superar la adicción al móvil (!!!).   

 

Existen además juegos interactivos y de realidad virtual que pueden emplearse como herramientas de evaluación y terapéutica en claustrofobia, fobias específicas, problemas de atención e hiperactividad… Por ejemplo, en la fobia a las agujas, a través de la realidad virtual se puede realizar un tratamiento exposición progresiva a esa situación ansiógena: permitiendo que el paciente se visualice en la sala de espera, posteriormente entrando en la consulta e interaccionando con la enfermera… Esta visualización puede intensificarse con sensaciones corporales provocadas por el terapeuta que controla esta interacción tumbando al paciente en una camilla, palpando la zona de punción… De esta forma, el paciente puede enfrentarse a aquello que le da miedo, en un ambiente seguro en la propia consulta.

 

Por otro lado, vivimos en la Era de los Datos. Cada año crece exponencialmente la capacidad técnica que tenemos para obtener enormes volúmenes de datos, que se generan a toda velocidad y con los orígenes más diversos (la palabra para esto es Big Data). Asimismo, se cuenta con métodos cada vez más potentes y sofisticados para que uno varios ordenadores puedan analizar este torrente de datos y extraer información valiosa. A esto se dedica una rama de la inteligencia artificial que se llama Machine Learning: la máquina ‘aprende’ a partir de los datos que le vamos suministrando.

 

Estas tecnologías que llevan años desarrollándose en el ámbito de la psiquiatría y la psicología nos ayudarán a comprender mejor la relación entre cerebro y mente con el tiempo. Un ejemplo de la aplicación de esta ciencia es un estudio en el que se entrevistaba a una serie de personas con el objetivo de determinar si tenía riesgo de suicidio. Para ello se evaluaban las respuestas de cada persona pero también aspectos como la entonación o la armonía del discurso usando estas técnicas. Como resultado se identificó a las personas con riesgo de suicidio con una precisión de más del 90%. Otra área que está experimentando el impacto del aprendizaje máquina es el de la lingüística. Hay evidencia de que las personas con trastorno límite de personalidad o las que presentan un estado psicótico emplean un lenguaje característico, aunque cuantificarlo es una cuestión complicada. En este sentido, el procesamiento del lenguaje natural ofrece la posibilidad de identificar características del lenguaje que marcan estados y rasgos psicológicos.

 

Se debe tener en cuenta que en ningún caso este tipo de ayudas sustituyen una terapia psicológica y/o farmacológica actualmente, sino que pueden servir como elemento de apoyo dentro del marco de la terapia. Por otra parte, numerosos estudios advierten sobre la existencia de aplicaciones médicas que no son seguras por lo que recomiendan contar con asesoramiento a la hora de emplearlas, al menos hasta que se instauren mecanismos de regulación por parte de las instituciones.

 

En definitiva, todos estos avances tecnológicos sitúan a la psiquiatría y la psicología  como disciplinas en transición, que pueden permitir mejorar los métodos de evaluación y diagnóstico, los tratamientos, la clasificación de los problemas mentales y sobre todo, una mejor comprensión de la enfermedad mental que a día de hoy, aún mantiene aspectos basados en la subjetividad.

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