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Su majestad el bebé. El narcisismo sano del niño

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La idea que hay sobre el narcisismo a pie de calle está colmada de resonancias negativas, pareciera existir una tendencia general a percibirlo como algo malo en sí mismo, una parte mal construida del amor propio que por su exceso provoca rechazo en los demás .Digamos que durante todo el movimiento del psicoanálisis tradicional de la mano de Sigmund Freud, el narcisismo fue contemplado desde sus aspectos negativos, lo que hoy conocemos como narcisismo malo, aquel donde destaca la sobrevaloración personal y la autoidealización, llevando al mito de Narciso al enamoramiento de su propia imagen.No fue hasta 1971 cuando Heinz Kohut en su obra Psicología del Self introdujo el concepto del narcisismo bueno, un hereje por aquel entonces del Psicoanálisis tradicional que empezó a considerar que en los primeros años de vida la narcisización por parte de los padres era saludable y necesaria.
¿Y cómo es esto? ¿Tenemos que inyectarle al bebé de un amor propio indiscutible? ¿Hacerle sentir el ser más excepcional sobre el planeta tierra?Para Kohut los adultos que se hacen cargo del bebé tienen una función esencial en la construcción del narcisismo bueno y tanto es así que consideró, acertadamente, que las claves para el desarrollo de constructos como el autoconcepto y la autoestima dependían precisamente de esta etapa vital en la que el bebé se convierte a través de la mirada de sus padres en “Su majestad el bebé”.
En el proceso de narcisización es clave que los padres puedan idealizar al niño, puedan extasiarse con la perfección con la que se presenta, así, tal y como es, les parece perfecto. Esta idealización tiene que ver con que ¡los hijos nos parecen más listos, más guapos y más capaces que el resto!
Se les valora tanto que se les transmite una idealización, una tendencia a que todo lo que hace el hijo nos parece ciertamente positivo y es que el niño necesita sentir durante un tiempo que están contentos con él y que no esperan otra cosa.

Entonces oímos esas frases que nos hacen girar la cara con una sonrisa: “Pero… ¿quién es el niño más guapo del mundo entero?, ¿Cómo puedes ser tan bonita?, ¿Se puede ser más precioso y tierno?, Es que es de lista… ¡lo entiende todo!” y entonces el bebé empieza a sentirse querido incondicionalmente, sin peros, sin pegas, sintiendo corporalmente la aceptación necesaria para ir desarrollando su identidad.

En este sentido es importante considerar qué expectativas depositamos en los hijos, cuánta necesidad tenemos de que sean semejantes a nuestra familia y hagan honor a su apellido y es que, en asuntos de familia, parece ser universal que la sangre es la sangre y solo por el hecho de pertenecer a los nuestros es vivido con satisfacción. De manera que el hijo también alimenta el narcisismo de los padres, ¡cuidado con no decepcionar entonces!

El niño en la primera infancia necesita sentirse ideal, especial, grandioso, tanto es así que tienden a lucir sus mejores habilidades frente a las miradas expectantes de sus anteriores. Obviamente este conocido Self Grandioso tendrá que sufrir modificaciones a lo largo de la infancia, tendrá que evolucionar hacia una forma más realista que incluya también los defectos para no enfermar de un enamoramiento personal.
A su vez el niño necesita sentir que todos los cuidadores que le rodean son también ideales para él, de alguna manera cuando la mamá es la más lista, guapa y cariñosa del mundo y el papá el mejor entre todos los que pudiesen existir, entonces puede ir introduciendo ese bienestar dentro de sí mismo.
Es decir, la identidad tiene que ver con los demás, la construyen los otros, los que me cuidan, no parte de uno mismo y esto es tremendamente clarificador a la hora de criar un hijo. Los padres necesitan amar al hijo tal y como es, se parezca o no a ellos.
Y aquí está el reto ¿Somos capaces de admirar las diferencias, las partes del niño que no se parecen a nosotros? Cuando los padres tienen un ideal del niño que no corresponde con lo que el niño es, sino con lo que desean que sea, entonces la identidad del hijo entra en conflicto.

¿Cuándo aparece el narcisismo malo?

Papá y bebéCuando su majestad, el bebé grandioso y exhibicionista, no evoluciona y aparece una plenitud egocéntrica, cuando los padres no pueden dejar de admirarle haga lo que haga y por tanto no consideran los defectos y mantienen esa imagen idealizada con el paso de los años.

Entonces tenemos niños y no tan niños que buscan permanentemente ser reconocidos, necesitan provocar en los demás admiración, no importa si es a través de la envidia o los celos, el caso es destacar y demostrar que ¡aquí estoy yo! Y cuando no lo consiguen no se sienten regulados, si no son admirados no obtienen bienestar y entonces aparece el malestar, la grandiosidad, la enfermedad de la identidad y del ego.

Y como todo en esta vida precisa de equilibrio en el punto medio está la virtud. En asuntos del ego un exceso de idealización a lo largo de la infancia llevará a un narcisismo malo, mientras que un déficit de narcisización en la primera infancia tendrá más que ver con problemas de identidad, inseguridades, fobias y baja autoestima.

 

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