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Sobre el arte de posponer nuestras vidas o procrastinación.

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Quizá solo algunos hayáis oído hablar acerca de la procrastinación, pero os puedo asegurar que todos, empezando por una servidora, la practicamos con regularidad en nuestro día a día. Por ejemplo,  si alguna vez has organizado el trastero (¡después de años!) o has terminado viendo vídeos en youtube acerca de la pesca del tiburón en la Patagonia, precisamente la noche anterior a la entrega de un trabajo importante o un examen; si el mejor día para volver por fin al gimnasio es siempre mañana, o si nunca encuentras el momento de pasar a la acción y empezar a ahorrar para el futuro, ahí lo tienes, al menos a veces, eres un procrastinador.

Pero ¿qué es la procrastinación? Parece que una de las definiciones más repetidas en la literatura es la de “acción o hábito de postergar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes y agradables”.  Es decir, dejar las cosas que sabemos que tenemos que hacer para después, a pesar de que eso pueda tener consecuencias negativas y en su lugar realizar actividades más fáciles y placenteras.

Es necesario aclarar que los procrastinadores no son vagos, suelen ser personas muy activas, e incluso algunos estudios apuntan a que con frecuencia los grandes procrastinadores son hiperactivos. Tampoco son apáticos: quieren cumplir con sus obligaciones porque las consideran importantes, pero no “ahora”. Podemos decir que la procrastinación se trata de la acumulación de malos hábitos que dan lugar a un problema de autorregulación y de organización del tiempo.

Todo esto no quiere decir que no podamos tener tiempo libre o de descanso y que tengamos que estar realizando siempre tareas importantes. El ocio también es necesario para mantener el equilibrio mental y del entorno.

Pero, ¿por qué procrastinamos? La razón principal que señalan los expertos es la falta de motivación. Podríamos hacer una estimación de cuánto nos motiva cierta actividad pero Piers Steel nos propone una fórmula para calcular de forma más objetiva el grado de motivación,  en la participan cuatro factores: expectativa, valoración, impulsividad y demora de la satisfacción.

ecuacion-de-la-procrastinacion

  • Expectativa: nuestra expectativa será alta si pensamos que nos va a resultar fácil terminar la tarea con éxito, porque ya la hayamos realizado otras veces o sea algo que se nos da bien
  • Valoración: valoraremos mucho una tarea placentera y poco una que no nos guste o no se nos dé bien
  • Impulsividad: iniciar una tarea de forma irreflexiva, aumenta la probabilidad de procrastinación
  • Demora de la Satisfacción: las actividades con una gratificación inmediata, es decir, con poca demora entre la acción y la recompensa, son más motivadoras que las que precisan una espera de días o semanas

Lo interesante de esta ecuación no es un resultado numérico, sino ver cómo los factores se relacionan entre sí. Un ejemplo cotidiano nos puede ayudar a comprender mejor estos conceptos: Si una persona quiere bajar de peso, sabe que tiene que cuidar su alimentación y realizar más ejercicio. Si lo ha intentado otras veces sin éxito, es posible que su expectativa sea baja, ya que lo considera una tarea difícil y esto disminuye su motivación. Sin embargo, valora mucho bajar de peso y llevar un estilo de vida sano, lo que sí le motiva. Por otra parte, esta persona sabe que los resultados se consiguen a largo plazo (alta demora de la satisfacción) y  si es una persona impulsiva que enseguida abandona las actividades que se propone, la motivación de nuevo se verá mermada.

Se sabe que la procrastinación tiene consecuencias muy negativas física y psicológicamente. Cuando procrastinamos, realizamos actividades placenteras en situaciones que sabemos que no son las adecuadas, la diversión que obtenemos no es diversión real, porque no es merecida y eso nos produce culpa y ansiedad.  En un estudio en 2006, se reveló que los considerados procrastinadores, tenían mayores niveles de estrés y problemas de salud que los menos procrastinadores. También se ha relacionado con sentimientos de frustración, baja autoestima, disminución de la confianza en uno mismo, culpa, remordimiento, ansiedad, infelicidad, inseguridad, insatisfacción….

Entonces… ¡dejemos de procrastinar! Si es un hábito tan negativo ¿por qué está tan extendido?, y  ¿por qué no podemos dejarlo? Pedir a alguien que deje de procrastinar es como pedirle a una persona con depresión que deje de estar triste, simplemente, no se puede, o al menos no es tan fácil. En la mayoría de los casos, el procrastinador no sabe cómo no procrastinar. Por lo tanto, el deseo de cambio es indispensable pero no suficiente para dejar de procrastinar, se necesita también aprender las herramientas o técnicas que pueden contribuir a ese cambio y ponerse manos a la obra.

En este caso, si después de hacer un esfuerzo constante y honesto para corregir este hábito con las herramientas adecuadas no se obtienen resultados, habría que explorar con un especialista otros motivos que estén impidiendo que la persona se centre en lo que tiene que hacer, como problemas de ansiedad, de autoestima, depresión, déficit de atención…

Podemos encontrar varias formas de clasificar la procrastinación. Una de ellas se basa en el tipo de tareas que se posponen, que son dos: aquellas que tienen un límite de tiempo o plazo de finalización y aquellas que no lo tienen. Ejemplos de tareas con plazo fijo de finalización son la entrega de un proyecto, un examen o la realización de declaración de la renta. La cercanía a la fecha límite y el agobio que nos genera, termina potenciando nuestra capacidad de afrontar y finalizar la tarea a tiempo, aunque sea a última hora.  Por otra parte, las tareas que no tienen fecha de finalización pueden consistir en comenzar un estilo de vida sano con dieta y/o ejercicio, dejar de fumar, resolver un conflicto familiar, realizar un proyecto de formación para mejorar laboralmente, cuidar la relación de pareja, visitar a un amigo… este tipo de procrastinación es más silencioso, menos visible y puede prolongarse de manera indefinida si no ponemos medios. Por supuesto, también genera sentimientos de frustración e insatisfacción y a menudo la persona puede tener la sensación de ser un mero espectador de su propia vida, incapaz de intervenir.

Todos somos procrastinadores de alguna manera o en algún momento de nuestra vida. Habiendo visto el impacto tan negativo que tiene este comportamiento en nuestra forma de valorarnos y de vivir, quizá  sea importante tomarnos un poco de tiempo y  pararnos a pensar: ¿qué cosas estoy  posponiendo en mi vida? , ¿cómo me siento al ser consciente de ello?. Las respuestas pueden ser el punto de partida de un cambio que sin duda requiere esfuerzo y aprendizaje, pero que nos encamina hacia una mejor percepción de nosotros mismos y a una vida más satisfactoria.

2 Comentarios

  1. Amelia dice:

    Me ha gustado mucho el artículo por que define lo que me pasa constantemente y espero me ayude.

    • un paseo por la mente un paseo por la mente dice:

      Es un tema bastante interesante que nos sucede a muchas personas, por ello nos hemos decidido a escribir sobre este tema. Recuerda que también puedes seguirnos en facebook ,esperamos que el resto de nuestras publicaciones sean útiles para ti.
      Un saludo y gracias.

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