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Reír y llorar. La riqueza de no renunciar a ninguno.

“POR UN OJO SE LLORA Y POR EL OTRO SE RÍE”

La capacidad de integrar sentimientos ambivalentes.

 

Por un ojo se llora y por el otro se ríe es una frase que Jorge Llanos, terapeuta gestáltico colombiano, usa frecuentemente en sus talleres. Al terminar una sesión de trabajo fuerte de proceso personal, en medio de un tumulto de emociones y comprensiones intensas y duras, nos ponía música fuerte, muy instintiva y nos incitaba a bailar, recordándonos que caben las dos cosas, que se puede atravesar algo difícil y aun así dar un espacio al disfrute y a la alegría.

 

Me gusta recordar esa frase y tenerla en mente, especialmente cuando tengo que vivir o acompañar en un momento difícil.

 

 

LAS FUERZAS OPUESTAS

A menudo solemos juzgar las cosas que nos ocurren como “buenas” o “malas”, es decir, mirando una sola cara de la moneda y aferrándonos a ese sentido. Si hay algo que vivo como muy negativo para mí, me va a costar mucho pararme a mirar su lado positivo, y al revés, si estamos contentos por algo que nos ha sucedido, difícilmente querremos mirar su contraparte. Sin embargo, a cualquier cosa podríamos buscarle los dos lados, es decir, cada hecho, cada situación tiene una parte de ganancia y otra de pérdida. Muchas veces, no miramos el otro lado porque uno nos parece mucho más relevante y el otro es tan nimio que ni siquiera lo valoramos. Sin embargo, cuanto más importante o impactante sea el hecho que nos ocurre, más probable es que los dos lados tengan su parte importante. Si podemos observar los dos lados, más fácil será integrar lo que ha ocurrido. Veamos por ejemplo el caso de una separación.

 

Cuando alguien toma la decisión de separarse, está claro que  para esa persona tiene más efectos positivos el hacerlo que el continuar como hasta ahora. Esa parte, por ejemplo, puede estar hecha de liberarse de una situación de conflicto continuo, de recuperar su espacio personal y el poder decidir libremente, de sentirse con ilusión y con ganas de vivir un cambio para mejor,…sin embargo, hay siempre una contrapartida. Por ejemplo, puede ser la de vivir una pérdida de una relación en la que se habían puesto muchas expectativas, tener que comenzar de nuevo en otro sitio, tener momentos de soledad grande, y cuando hay hijos hay una pérdida importante de no verles continuamente, de sentir que van a tener que adaptarse a cambios nuevos y grandes, …

Evidentemente, esto no son cosas universales, cada persona tendrá su propia vivencia de qué cosas pierde y qué cosas gana. Lo que sin embargo es igual para todos, es que ganamos aspectos y perdemos otros.

 

¿QUÉ OCURRE SI SÓLO VEO UNA PARTE?

Lo que me gusta mucho de la frase de Jorge, es que tanto la parte de reír como la de llorar tienen el mismo espacio y el mismo peso. No es más importante el ojo que ríe o el ojo que llora, ni es mejor uno que otro. Y creo que la profundidad y la claridad en la mirada lo da justamente el poder sumar los dos aspectos.

Cuando una persona sólo puede mirar el lado negativo, es muy probable que se hunda y se quede muy paralizada, con mucha dificultad para seguir adelante. Esto va a hacer que sea muy difícil aceptar situaciones difíciles y afrontarlas a pesar de todo.

De la misma manera, si me aferro al lado positivo, estoy negando la parte dolorosa. Si no acepto que esa decisión también implica algo difícil para mí, me criticaré y me juzgaré cuando empiece a sentir tristeza o soledad. Lucharé para no sentir nada negativo y tendré que hacer una carrera hacia adelante para salir continuamente de las sensaciones difíciles. Para eso, tendré que estar continuamente ocupado, haciendo algo que me distraiga del momento presente, porque cuando no se mira al dolor, éste permanece y en cuanto paramos, lo sentimos.

 

UN EQUILIBRIO DINÁMICO 

Está claro, que no vamos a poder mirar en un equilibrio perfecto siempre todo lo que nos ocurre. La invitación es aceptar que aunque a veces conecte más con la parte amable y positiva, y otras veces con la parte dolorosa y difícil, pueda recordarme que siempre está la otra parte. Que aunque hoy me sienta triste, no sólo está la tristeza. Que aunque hoy me sienta contento, no sólo está la alegría. Si me permito sentir los dos lados, voy a poder vivir lo que me ocurre de una manera más completa, más integrada, tomando la fuerza de la alegría para vivir lo difícil y celebrando la alegría con la profundidad y el respeto que me da el reconocer también la tristeza.

 

RECONOCER EL DOLOR PERMITE DAR PASO A OTRA EMOCIÓN

Si en el caso de la separación, por ejemplo, puedo admitirme la parte difícil de la decisión que he tomado (sin por ello quitarme la legitimidad de dar ese paso), me lo contaré de tal forma o le transmitiré por ejemplo la separación a mis hijos sabiendo que para ellos también implica una parte mala (quizá la que primero verán porque no son ellos los que han elegido) y una parte buena (que a veces se puede tardar en apreciar), podré acompañarles y permitirles sus reacciones. Puedo aceptar su tristeza, su enfado y darles espacio para que lo expresen, al tiempo que yo me permito reconocer también mi dolor y mi frustración. Si puedo permitir lo que surge en cada momento (sin tener que tapar el dolor contándoles/me lo fácil que va a ser, lo positivo de tener dos casas, de ser independiente…), sabiendo que hay un tiempo para cada emoción, podremos sentir plenamente esa parte (la del dolor en este caso) y desde ahí abrirnos a vivir también la tranquilidad de sabernos acompañados (con mis hijos, con mis amigos, familiares), la alegría de sentir que vamos juntos en este viaje, que puedo compartir tanto lo bueno como lo malo, que puedo llorar y reír con ellos. Podré acompañarme y acompañar a mis hijos en el proceso de adaptación y cambio, con sus buenos y malos momentos, con unas expectativas más realistas y aceptando las crisis y disfrutes que vengan.

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