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Reflexiones sobre la autoestima

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REFLEXIONES SOBRE LA AUTOESTIMA

Definir la autoestima es algo más complejo de lo que parece. Si atendemos a la Real Academia Española de la lengua, encontramos que es definida como “la valoración generalmente positiva de si mismo”, dejando entrever que no siempre esta valoración va a ser positiva. Sin embargo, el concepto también incluye un componente afectivo. No sólo va a ser la suma de las valoraciones de distintos aspectos de nosotros mismos, sino que también se trata de un parámetro que refleja cómo nos sentimos frente a las actividades que realizamos, las relaciones que mantenemos, las expectativas que nos gobiernan, etc.  Podemos sentir más o menos afecto por nosotros mismos, estar en paz o sintonía con lo que vivimos, hacemos o decimos, o por el contrario vivir atormentados con ello, o incluso rechazarnos. La autoestima es un marcador de nuestro narcisismo o del amor que sentimos hacia lo que somos.

Las alteraciones de la autoestima pueden ser un factor predisponente o un síntoma de distintas patologías psíquicas. Si tenemos una autoestima baja podemos sufrir mucho, tanto que seamos más o menos proclives a padecer ansiedad o depresión ante diversas circunstancias adversas que no nos vemos capaces de afrontar o que sentimos que pueden con nosotros.  Por el contrario en el Trastorno Narcisista de la personalidad solemos encontrar una autoestima elevada, con un grandioso sentido de auto importancia y una exageración de los logros y capacidades. En este último caso, puede que los que sufran sean los de alrededor, ante comportamientos o actitudes arrogantes o soberbias, por explotación de los demás para alcanzar sus propias metas, o debido a denigraciones de los que los rodean con el fin de mantener su elevado auto concepto.  Por lo tanto, habrá que distinguir la autoestima saludable de la autoestima destructiva.

Y ¿de qué depende nuestra autoestima? Para responder a esta pregunta vamos a tomar el concepto de balance narcisista de la obra de Hugo Bleichmar, psiquiatra y psicoanalista. Según el autor dicho balance es el resultado del interjuego entre tres dimensiones: la representación que tenemos de nosotros mismos, nuestras ambiciones e ideales, y nuestra conciencia crítica. De la relación entre estas dimensiones dependerá la valoración y el sentimiento que tengamos en relación a nosotros mismos, de ahí que utilice el concepto balance narcisista, ya que todas influirán, sumando o restando en el resultado final, la autoestima.

La primera dimensión, la imagen o representación que tenemos de nosotros mismos tiene que ver más con la parte de la definición de la autoestima que atañe a la valoración de nuestro ser.  Dicha imagen o representación, será la suma de nuestra imagen en distintas áreas. La hemos ido formando a lo largo de nuestra vida, atendiendo a todas las vicisitudes que nos han ido ocurrido desde nuestros orígenes. Sobre ella va a tener mucho peso nuestra familia. ¿Hemos tenido padres que poder idealizar y con los que poder identificarnos en distintos aspectos?, ¿han sido padres con una autoestima sana?, ¿nos han enseñado recursos necesarios para desenvolvernos en diversas situaciones?, puede que nuestros padres careciesen de ellos; ¿han tenido nuestros padres la capacidad de otorgarnos un sentimiento valioso de nosotros mismos?,  ¿han surgido conflictos con nuestros padres que no han permitido poder identificarnos con una imagen valorizada de ellos?, ¿qué discurso ha tenido nuestra familia sobre nosotros?, ¿qué adjetivos utilizaban para describirnos?… Todo ello va a ir influyendo en nuestro auto concepto.

La sociedad en la que vivimos y las personas de las que nos rodeamos también van a tener mucho que decir. ¿qué dice nuestra sociedad sobre determinados aspectos que tenemos?, ¿hemos sido tenidos en cuenta por los que nos rodean?, ¿hemos tenido que escuchar descalificaciones por parte de gente que nos ha acompañado en nuestra trayectoria y a la que teníamos en consideración (maestros, amigos, etc.)?… Además habrán influido los distintos hechos que han ido sucediendo a lo largo de nuestras más o menos largas vidas, ¿hemos ido logrando las cosas que nos hemos ido proponiendo?, ¿nos hemos sentido con los recursos suficientes para irnos defendiendo ante dichos acontecimientos?, ¿han sucedido sucesos que han atacado directamente a la imagen que tenemos de nosotros mismos?. Las situaciones en las que aparezca un sentimiento de indefensión son nocivas para nuestra autoestima, creer que hagamos lo que hagamos nada cambiará, o que nuestra opinión no cuenta, alimenta la sensación de debilidad, inutilidad o ineficacia. El pensar que ejercemos un mínimo control sobre las circunstancias que nos rodean nos hace más resistentes a los ataques a nuestra autoestima.

Por otro lado puede que de una manera más o menos consciente caigamos en auto-denigraciones por distintos motivos, es decir, que prefiramos rebajar nuestra autoestima antes que enfrentar determinadas circunstancias. Puede que nos descalifiquemos para no despertar iras en otros por miedo a lo que nos pueda pasar, o que rebajemos nuestra imagen ante personas que temamos lo que puedan hacernos, evitando conflictos, que a veces puede que sean necesarios para nuestro crecimiento y refuerzo. También puede que nos descalifiquemos para no despertar rivalidades en personas que por distintos motivos no nos podemos permitir perder su amor o aprobación, o directamente por miedo a ser abandonados; o que nos denigremos para mantener la imagen de una persona que necesitamos mantener idealizada por diversas circunstancias, para sentirnos seguros, o porque nos aportan algo de lo que no podemos prescindir. De la misma manera también podemos caer en rebajar nuestra imagen por sentimientos de culpa en los que nos hemos visto atrapados, y por los cuales no nos merezcamos determinadas cosas o valoraciones, a modo de castigo.

La otra dimensión a tener en cuenta sería la de nuestras ambiciones o ideales. Podemos valorarnos en función de una amplia gama de factores, desde la habilidad para relacionarnos con los demás hasta la apariencia física, pasando por rasgos de nuestro carácter, la capacidad intelectual, la aptitud para llevar a cabo ciertas actividades que valoramos, o los logros que conseguimos. Otros se valorarán en función de las cosas materiales que posean, o de la alegría que en general sientan en su vida cotidiana. Los factores que influyan en la valoración que hagamos de nosotros tendrán que ver con esta dimensión, con nuestras ambiciones e ideales.

Todos hemos ido forjando unos ideales de acuerdo a la sociedad, mandatos familiares, valores, creencias, etc. Los hay de distintos temas y a veces tienen que ver con el género, es decir con la masculinidad y la feminidad. Pueden ser físicos (belleza, fortaleza, salud, etc.), morales (bondad, protección de otros, etc.), interpersonales (identidades que deseamos asumir en relación a los otros, etc.). Todos ellos influirán a la hora de valorarnos. Por otro lado, teniendo en cuenta nuestras ambiciones: ¿Tenemos unas metas realistas?, ¿Nos han transmitido o transmiten que tenemos que conseguir grandes logros?, ¿Nos hemos sentido pequeños o defectuosos y para compensar todo ese malestar hemos caído atrapados en conseguir grandes logros?.  Y es que puede que tengamos una representación más o menos buena de nosotros mismos, pero que lo que esperamos de nosotros sea desproporcionado o lo contario a lo que somos.

Por último a la hora de valorar nuestra autoestima tendremos que tener en cuenta nuestra conciencia crítica, es decir el sistema que acepta o por el contrario no tolera el apartamiento que hagamos de nuestras ambiciones e ideales. De esta manera, y de cara a nuestra autoestima, habrá que pensar: ¿tenemos una conciencia desmesurada?, ¿nuestra conciencia es inflexible?, ¿toleramos un apartamiento de nuestras ambiciones e ideales por distintos motivos?. Puede que nuestra conciencia no se relaje ni un segundo y nos convirtamos en auténticos esclavos de ella. Esta tercera dimensión es la que más tendrá que ver con el componente afectivo de la autoestima, es decir, con lo que sintamos en relación a nosotros mismos. Y es que hay personas en las que domina una relación consigo-mismos totalmente agresiva, en las que da igual lo que hagan, con tal de atacarse, o elevan las metas o ideales, o rebajan la imagen de sí mismos, pero nunca están satisfechos. Estas personas suelen tratarse de la misma manera en la que les trataron algunas de sus figuras significativas que constantemente estaban atacando al concepto o imagen de sí mismos.  De nada sirve tener una buena imagen de nosotros mismos, si luego nos vamos a rechazar hagamos lo que hagamos.

Como hemos podido ver la autoestima es algo muy complejo, que se compone de muchos factores, algunos de los cuales he intentado dejar aquí reflejados. Como dijimos, se trata de algo que puede hacernos sufrir mucho, a nosotros o a los que nos rodean. Merece la pena sentarse a reflexionar acerca de la misma, y en caso de que nos veamos atascados, pedir ayuda profesional para ayudar a querernos lo justo, lo saludable… Como se suele decir, uno no puede estar bien con los demás hasta que no esté bien consigo mismo.

 

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