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Papá, Mamá: “Os odio pero, por favor, no me abandonéis”

Queridos papás, bienvenidos a la etapa de la vida de la ambivalencia por excelencia: la adolescencia. Sí, me ha salido un pareado sin haberlo planeado.

 

A ver si os resulta familiar: “sois lo peor”, “ojalá no hubiera nacido”, “estaría mejor sin vosotros”, “no tenéis ni idea de lo que pienso”, “nadie me entiende”, “ sois unos pesados”, “ dejadme en paz”, “¿no tenéis vida que os tenéis que meter en  la mía?”…. Y podríamos continuar con una serie de verbalizaciones y expresiones que se corresponden a un estado de ánimo nada estable: la alta emotividad y la impulsividad.

 

Solo espero que después de leer este post, muchos de los que tenéis hijos en edades pre y puberales, os sintáis algo aliviados. La información, dicen algunos, es poder… y en este caso entender posibilita poder hacer y sentir algo diferente, algo que permita una visión más abierta y completa del complejo trabajo de ser padres de un hijo adolescente. 

 

¿Entendemos qué es la adolescencia? La respuesta a esta pregunta, como no podía ser de otra manera, es ambivalente: “depende”. ¿Qué adolescencia?, ¿existen distintos tipos de adolescencia?, ¿hay algunas mejores y peores?… muchas cuestiones que intentaré responder a continuación.

 

Diré que, si bien cada adolescente es un individuo único con su propia subjetividad (propia manera de sentir, pensar y desear), SÍ hay cuestiones que deben de estar presentes en la adolescencia para poder hablar de ADOLESCENCIA. Lo llamo cuestiones y no características, porque comienza un trabajo de preguntas (cuestionamientos) que el adolescente se hace y que en un principio no tendrán respuestas.

 

Estas cuestiones que deben de estar presentes (más de una) son, por lo tanto, una serie de trabajos psíquicos que “el chico” realiza y resuelve para poder dejar de ser el niño que fue y comenzar a “crear” el adulto que será.

 

Categóricamente considero que para que se posibilite la entrada a la adolescencia (es decir, para poder hablar de adolescencia como etapa madurativa y no solo como edad) tiene, sí o sí, que darse una ruptura con los padres de la infancia.

 

Lo anterior conlleva una “lucha”, en ocasiones, encarnizada para poder desligarse (separarse) de las sensaciones que le acompañaron en el vínculo infantil con sus propios padres: la dependencia y el cuidado tierno, el contacto físico y la sensación de fragilidad serán apartadas, negadas y desmentidas con todas sus fuerzas.

 

El adolescente necesitará “creer” que sus padres están lo suficientemente “lejos” para poder “ser”. ¿Ser quién?… no tienen ni la menor idea; sin embargo sí saben que quieren dejar de ser: alguien que ya no es un niño.

Si sienten que no pueden dejar  de ser ese niño que fueron, la angustia de ser dependiente les invadirá arrasando, “ojalá no me hubieses tenido”, a su paso todo lo que esté relacionado con lo paterno-filial.

 

Como os podréis imaginar, a mayor sensación de dependencia, mayor fuerza para provocar la separación tendrán los adolescentes que ejercer. Imaginemos dos extremos de plástico pegados con un buen pegamento… habrá que tirar y tirar, hacer fuerza y en ocasiones (extremas) ejercer violencia para que se pueda separar lo que un día fue, necesariamente, pegado.

 

El adolescente necesita “matar al niño ideal” que fue y para ello, por supuesto metafóricamente hablando,  necesitará “matar a sus padres infantiles”. A esos padres que podían satisfacer todas (también en su fantasía lo de “todas”) sus necesidades, preocupaciones, deseos y cuestiones.

 

Lo que intento explicar es que, a la vez que lo rechaza sigue necesitando de unos ( no sabe cuáles) padres, de ahí su enfado y su ambivalencia: “te odio pero no me abandones”.

 

Odia necesitar y depender en exceso y por ello, odia a los representantes de su angustia: papá y mamá. A su vez, sabe que sin ellos, aún, no llegará muy lejos, y esto le llena de frustración que en el mejor de los casos descarga en casa.

 

Una vez escuché a una profesora que “tener hijos es una segunda oportunidad” y explicó que esto no se podía comprender en profundidad hasta que no se vivía en primera persona.

 

Pues bien, ser padres de adolescentes, no solo convoca a la propia adolescencia vivida si no al tiempo que ha pasado y que ya no volverá. “¿Dónde quedaron mis 15 años?” y “éste desagradecido ahora dice que no me necesita” pueden ser pensamientos que aparezcan en algunas mentes.

 

Queridos papás, vuestro hijo adolescente os necesita, quizá más que nunca. Lo que sucede es que os necesita de otra manera, pero eso ya pertenece a otro post.

 

1 Comentario

  1. chifus dice:

    un adolescente capaz d decir eso ,
    es un malcriado consentido
    que aun siente – piensa como un niño mimado,
    a quien no se le ha enseñado esfuerzo, frustracion
    ni a valorar lo que tiene
    y que en definitiva es lo que sigue pidiendo que le enseñen…
    pero cada vez será mas dificil

    pero tbn podria ser un menos maltratado
    que esta pidiendo justicia y demas

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