Joseta Morlán Coarasa

PSIQUIATRA


Cuando inicié los estudios de Medicina en la Universidad Complutense de Madrid en el año 2002, tenía en mente la idea de hacerme psiquiatra, posiblemente por algo parecido a una intuición, más que porque supiera realmente en qué consistía eso.

Durante los años de facultad, realicé una estancia de un año en el extranjero, que me dió la oportunidad de salir de detrás de la montaña de libros, situarme delante de un paciente de verdad y darme cuenta de que no es un conjunto de síntomas o de órganos, sino una persona que sufre, que necesita pruebas, exploraciones y tratamientos, pero que también necesita que alguien escuche cómo se siente.

Con esta pista en mente, al finalizar la carrera, decidí escoger la Especialidad de Psiquiatría y lanzarme rumbo al norte, donde realicé los cuatro años de formación como residente en el Hospital Marqués de Valdecilla de Santander.
Cuando encontramos el lugar que nos corresponde, descubrimos que somos inquebrantables.


En esos años aprendí a reconocer la indivisible relación entre cuerpo y mente y que no hay salud de uno sin la otra; el arte de la psicofarmacología y las ambivalencias que suscita entre profesionales y pacientes, sus mitos y sus realidades; me inicié en el mundo de la psicoterapia a través del Máster en Terapia de Conducta de la UNED y posteriormente en un Programa de Formación en Psicoterapia Integradora y basada en la evidencia y con ayuda de buenos maestros, hice mis primeras intervenciones psicoterapéuticas en el ámbito de los trastornos de alimentación. Fue una etapa llena de retos, de ilusión y de importante crecimiento personal y profesional.

Aunque la clínica ha sido la parte más importante de mi desarrollo profesional, siempre he sentido curiosidad por el terreno de la investigación. Considero importante “medir” nuestro trabajo, para evitar perdernos en el mar de la intuición y la subjetividad. Las conferencias de Neurociencia sobre Trastornos Afectivos y de Ansiedad de la Universidad de Maastrich a las que tuve la suerte de asistir un verano, fueron una gran fuente de inspiración.


Poco tiempo después, me uní al Programa de Atención a las Fases Iniciales de Psicosis en Santander, de investigación aplicada a la clínica, donde colaboro actualmente.

Hoy en día, realizo mi actividad laboral principal en el ámbito de las conductas adictivas. Conozco cada día personas con problemas que buscan sus propias “medicinas” para aliviar su dolor, que mantienen esa lucha entre lo que les cura y les destruye. Me fascina ver que con un poco de apoyo, son capaces en muchos casos de encontrar su brújula y regenerar un cuerpo y una mente llevados al límite, en algo realmente constructivo.

Queda mucho por hacer, mucho que aprender y mucho trabajo para seguir creciendo y mejorando. La ilusión, las ganas y el respeto de hoy para llevarlo a cabo, son los mismos que el primer día que pisé un hospital como estudiante. Me siento muy privilegiada al pensar que mis pacientes han podido depositar su confianza en mí y trabajando juntos, encontrar “su sitio”… y posiblemente también el mío. A ellos les debo todo lo que sé.
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