Elena Berazaluce Pintado

PSICÓLOGA: Especialista en: Psicoterapia de Adolescentes, Terapia de Familia, Psicoterapia para Adultos, Psicología Infantil y Terapia de Pareja


Me licencié en Psicología Clínica en el año 2000 después de cinco años de estudios apasionantes sobre la mente humana en las facultades de Psicología y Medicina de la Universidad Complutense de Madrid.

Fue la realización del prácticum en el hospital Universitario Gregorio Marañón lo que despertó mi curiosidad e hizo que conectase con la necesidad de seguir formándome y aprendiendo de profesionales muy experimentados en el campo de la salud mental.
¿Entonces, para qué sirve la utopía? Para eso sirve, para caminar.


Sin lugar a dudas mi formación posterior en psicoterapia y mis estudios en test proyectivos y especialización en el test de Rorschach fueron un punto de inflexión en mi comprensión de las necesidades terapéuticas de los pacientes y en las dinámicas vitales y relacionales que contribuían al desajuste y la desregulación de su equilibrio emocional.

Fue entonces cuando inicié mi carrera profesional en la práctica clínica, centrada durante los primeros años en el ámbito privado y en los adultos. Mientras tanto seguía formándome en otro ámbito de la Psicología que me generaba un especial interés, el campo jurídico y forense que pude convertir en una parte esencial de mi carrera a través de un máster que me ofreció todas las herramientas y conocimientos para arrancar como perito psicólogo y consolidarme como especialista en este campo, no solo por la trayectoria profesional que inundó de casos interesantísimos y de grandes retos periciales mi currículum, sino también a través de varios años de investigación con población de menores institucionalizados en la Comunidad de Madrid para la Agencia Laín Entralgo que se consolidaron con un doctorado en Psicología Forense en el Departamento de Psicología Clínica y de Personalidad en la UCM, sin duda una gran experiencia personal y profesional.


Si bien la práctica clínica y forense en el ámbito privado ha sido una constante a lo largo de mi trayectoria, destaco como una gran oportunidad la que tuve al ofrecer mis servicios en la atención pública como especialista forense durante cinco años en las Oficinas Judiciales de la Comunidad de Madrid, donde el trabajo en equipo con abogados, trabajadores sociales y gestores procesales me permitió acceder a una parte de la población que me permitió abrir miras y entender que aún tendría que afrontar nuevos retos para entender al individuo. Así fue como comencé a formarme en asuntos de familia y pareja, se expandían mis ganas de aprender y alcanzar una visión holística y dinámica del ser humano.

La toma de contacto con la escuela sistémica sin duda me hizo ser una profesional más completa y madura que se sentía ya preparada para iniciar la apasionante aventura de ejercer como terapeuta de pareja y familias, sin duda toda una responsabilidad que me ha aportado desde entonces una gran satisfacción.


Los años pasaron rápido en el ejercicio de la psicoterapia, sin embargo, a día de hoy permanecen en mí las ganas de seguir aprendiendo y transformando los nuevos conocimientos en aplicaciones vivas en la práctica clínica. Si bien he sentido durante mucho tiempo comodidad y bienestar con las funciones que mi formación y experiencia me permitían afrontar, en un momento dado supe que necesitaba explorar con mayor profundidad el mundo de la infancia, no sólo por poder reconocer que este campo se había convertido en una laguna sino porque la vida laboral me fue acercando casi por casualidad hacia la psicoterapia infantil, había entonces que comprometerse con el buen hacer, la responsabilidad me decía que precisamente los primeros años de la vida de una persona eran claves para el ajuste psíquico del adulto y que era un deber iniciar una formación completa y compleja en este campo.

No lo dudé, se sucedieron años de estudio dedicados a la infancia, desde distintas orientaciones sin duda, pero haciendo especial hincapié en las escuelas de psicoterapia y psicoanalíticas, que sin duda me han brindado una base conceptual sobre la que apoyar tantos años de experiencia clínica.


Si bien en estos momentos puedo sentir que me voy completando como experto en salud mental, soy muy consciente de que la adquisición de nuevas fuentes de conocimiento debe colocarse como una constante en nuestro día a día, no sólo por actualizarse e incorporar todo aquello que nos hacen llegar los que dedican su labor a investigar y reflexionar, sino porque los pacientes se lo merecen.

La buena praxis tiene mucho que ver con el interés por abrirse a lo nuevo, por estar en un constante flujo de aprendizaje que se aleja de la tranquilidad de creer que ya está todo sabido, todo lo contrario, el buen hacer lleva implícito la humildad de saberse ciertamente incompleto.
Solo así uno insiste en reciclarse, en escuchar, en asimilar, en admitir que aún quedan grietas y que nunca están de más las palabras, las ideas y las genialidades que muchos otros tienen que enseñarte.


Trabajar como psicoterapeuta es para mí recorrer un camino de crecimiento personal que resulta verdaderamente enriquecedor, la implicación y generosidad de los pacientes me permite actuar como un agente de cambio en sus narrativas vitales. En mi práctica diaria trabajo convencida de que una vez enfrentadas las primeras resistencias son los pacientes los que albergan la capacidad de cambio y recuperación, siendo la psicoterapia una herramienta, que aplicada adecuadamente, percibo como altamente eficaz en la práctica clínica.


Trabajo por y para el cambio, tanto del individuo como de las relaciones que embarcan a los sistemas familiares y parejas a situaciones de disfuncionalidad generadoras de sufrimiento.

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