Alicia Reinoso García

PSICÓLOGO: Especialista en Psicología Clínica, Psicoeducación, Psicología Infantil, y Psicopedagogía.


Decidí estudiar psicología en COU, poco antes de la selectividad. Antes de este curso ni siquiera lo tenía claro. Sin embargo, hoy puedo decir que acerté.

¿Que por qué tomé esta decisión? Probablemente porque comencé a ser más consciente de que había veces que las personas tenían problemas que no sabían resolver.
Podemos cambiar si entendemos cómo.


En mi entorno observaba que a veces las personas estaban tristes demasiado tiempo por desamor, no se gustaban, temían hablar en público… tenía compañeros que hablaban de problemas para estudiar, para concentrarse, peleas con los padres y amigos que les hacía sentir realmente mal. Había dificultades que no eran fáciles de manejar ni para mí misma, ni para los demás y que llegado ese momento, uno de los recursos que disponemos es el psicólogo. No era una cuestión de ser adolescente. Los adultos y los niños con sus padres también tenían problemas personales que no sabían resolver. Comencé a interesarme cada vez más por esto. ¿Por qué a algunas personas les costaba tanto ser feliz?

La carrera de psicología me resultaba apasionante y fue en el 4º curso cuando definitivamente decidí formarme como clínica. Al terminar las prácticas, realicé un Máster en Modificación de Conducta y encontré al poco tiempo, el primer trabajo de responsabilidad: Orientadora educativa en un centro educativo para infantil y primaria. No era psicología clínica, pero el contacto con las personas y las familias me permitiría seguir entendiendo la profesión que había elegido.


Mi formación y experiencia también se fue nutriendo, en los siguientes años, del ámbito educativo y de cómo resolver las dificultades con las que se encuentran alumnos, padres y profesores. Fue una etapa de tres años, de mucho trabajo y aprendizaje, en la que entendí como se complementan las áreas de educación y clínica en el ámbito de la psicología.

Pero la formación es interminable y caí en la cuenta de que en el trabajo, tanto en el ámbito educativo como en el clínico, me debía de seguir formando durante todo el ejercicio de la psicología. El Máster en Modificación de Conducta fue el primer pilar sobre el que fui colocando: formación en inteligencia emocional, atención social en la infancia y adolescencia, formación en orientación vocacional, título de experto en técnicas proyectivas gráficas y verbales, terapeuta psicoanalítica de niños y adolescentes, supervisiones y análisis personal.


Después del trabajo en orientación, me dediqué a la clínica privada hasta el día de hoy (cuento unos diez años) complementándolo con otras funciones y puestos.

Destaco la coordinación del proyecto municipal de absentismo escolar en la Comunidad de Madrid y las colaboraciones en hospitales infanto-juveniles de día. En ambos, la formación y experiencias tanto clínica, como educativa, han sido claves para el abordaje de las demandas y la atención a los pacientes y familias y centro educativo. Mención aparte, la experiencia en hospital de día por el trabajo en equipo y el aprendizaje y enriquecimiento que aporta dichas condiciones de trabajo.

Podría decirse, que el trabajo en psicoterapia siempre estuvo como objetivo y que lo psicopedagógico fue algo posterior. Sin embargo, sin una no podría comprender la otra.


El sufrimiento de los padres, la ansiedad de los alumnos, el agobio de los profesores… el sufrimiento de los profesores, el agobio de los alumnos, la ansiedad de los padres… y todo a la vez.

Los educativo, lo escolar, lo vocacional, es una de ”las patas” sobre las que “se arma la persona”. Lo emocional, las relaciones con los demás, las necesidades básicas y la salud son “otras patas” que pueden influir en la primera y a su vez en todas las demás. Entender a la persona, sea niño o adulto, como sujeto global en continuo cambio y transformación es uno de los objetivos que se ponen en juego en la intervención psicopedagógica y psicoterapéutica.





C. de Formación El Núcleo

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