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Miedo a vivir: Depresión e ideas de suicidio

La depresión- unpaseoporlamente.com

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“Imagínate una gárgola en tu hombro. Como las gárgolas son de piedra, esta gárgola de depresión te hunde y dificulta que te muevas para realizar cualquier tipo de actividad. Además te está susurrando constantemente al oído. Los mensajes son negativos, humillantes, te culpabilizan por todo. Si te encuentras mal, la gárgola te afirma rotundamente que así te sentirás siempre. Y lo peor es que tú te crees todo lo que te susurra” (Otto, 2000). 

¿Qué es una depresión?

La mayoría de las personas desconocen qué es una verdadera depresión. Hay una falta de información importante en lo que a enfermedad mental se refiere que dificulta y retrasa la detección y el tratamiento temprano de la misma y alarga el sufrimiento de quienes la padecen, que a menudo sienten vergüenza de lo que les ocurre y miedo a verse juzgados por los demás.

“Depresión”, “tristeza”, “melancolía”, “estar desanimado”, “estar depre”… todos estos términos y seguramente algunos otros, son los que solemos emplear en el lenguaje coloquial para hacer referencia a que estamos preocupados por algo, nos hemos levantado con el pie izquierdo o estamos pasando por una mala racha. Sin embargo, no debemos confundir esto con una depresión con mayúsculas. La depresión es una enfermedad mental grave que necesita tratamiento profesional, específico e individualizado. De poco sirven los “trucos”  que empleamos la mayoría para “días malos”, ya que la aparición o resolución de los síntomas no dependen de la fuerza de voluntad o de la motivación de la persona que la padece.

La persona con depresión mayor, siente una tristeza profunda y de manera continua día tras día, a pesar de que a menudo todas las cosas de su vida van bien y no tienen grandes problemas; tienen pensamientos negativos relacionados con sí mismos (“no valgo para nada”, “estoy solo”), con el mundo que les rodea y con el futuro que les espera (“no voy a mejorar”, “siempre voy a estar igual o peor”). Sienten falta de energía y desgana para llevar a cabo cualquier tipo de actividad que antes realizaban con normalidad y todo intento de ejecutar actividades cotidianas supone un tremendo esfuerzo. Son incapaces de disfrutar con las cosas de la vida que antes les motivaban o al menos de disfrutarlas con la misma intensidad. Por ello tienden a encamarse y a aislarse. Tienen problemas para dormir y habitualmente sufren una pérdida de peso marcada por falta de apetito. Presentan dificultades para concentrarse y problemas de memoria. Algunas personas tienen miedo continuo sin saber muy bien a qué y se sienten aterrorizadas de su propia vida, sienten una profunda desesperanza hacia el futuro que les espera y que es demasiado doloroso seguir vivo, por lo que se les viene a la cabeza la idea de querer morirse e incluso de querer suicidarse como única salida a su profundo malestar. Algunos lo intentan y de ellos, algunos lo consiguen.

Es muy importante tener claro que nadie elige tener una depresión, que la persona que la padece no es culpable de empeorar ni que la mejoría dependa de su fuerza de voluntad. No es cierto que una persona tenga depresión por ser débil o por haber cometido errores y no siempre aparece después de un evento traumático para la persona, simplemente aparece, aunque todo en su vida vaya bien. La depresión es el resultado de interacciones complejas entre factores sociales, psicológicos y biológicos y las personas con depresión necesitan ayuda profesional que habitualmente combina tratamiento farmacológico y psicoterapia.

Datos estadísticos sobre depresión

Según la OMS, la depresión es la principal causa mundial de discapacidad. Más de un 4% de la población mundial vive con depresión y entre un 8 y un 15% padecerán al menos un episodio depresivo a lo largo de su vida. En el peor de los casos puede llevar al suicidio y en España, hay una media de 10 suicidios al día.

¿Cómo ayudar a alguien que sufre depresión?

Existen numerosos testimonios publicados acerca de personas que tienen o han tenido depresión. A parte de comentar su experiencia, a veces comentan qué cosas les han ayudado en momentos difíciles. Estos son los puntos más importantes:

Escucha lo que la persona con depresión quiera expresar. No es necesario que le des consejos, que intentes animar o tranquilizar a la persona ni que le digas que entiendes por lo que está pasando. Solo escucha.
Hazle compañía y pregunta si hay algo que puedas hacer para ayudar.
No juzgues lo que hace o lo que no hace. Infórmate acerca de lo que le pasa, quizá darse una ducha es una tarea imposible para una persona con depresión.
Ten paciencia. Dentro del proceso de depresión puede haber mejorías o empeoramientos pasajeros y no se debe tomar esto como algo definitivo. Una vez que la persona está en tratamiento, el objetivo de la mejoría es a largo plazo, una carrera de fondo.
Pregúntale si tiene ideas de suicidio. A menudo tenemos la idea de que preguntar por ello puede aumentar el riesgo de que la persona lo lleve a cabo. Esto es totalmente falso. Está demostrado que hablar abiertamente de ello disminuye el riesgo y permite la búsqueda de ayuda inmediata en caso de ser necesario.
Pide ayuda profesional


Se habla de una “epidemia silenciosa” en referencia a la depresión. Es necesario dar voz a este problema que genera tanto sufrimiento y que con mucha frecuencia es un perfecto desconocido para la mayoría, a pesar de que lo tenemos justo delante en familiares, amigos, compañeros de trabajo… o incluso en uno mismo.
El silencio empeora la depresión. Si la escondemos, ella crece. Hablemos....



 

 

 

 

 

 

 

 

1 Comentario

  1. Marcelino dice:

    Estoy absolutamente de acuerdo conque el tabú social de que hablar del suicidio incite al suicidio.Es absolutamente falso.¿Por qué en las noticias de los medios de comunicación social no se dice que el suicidio es la primera causa de muerte no natural y violenta,superando a las víctimas de accidentes de tráfico y demás causas de muertes violentas? Por la hipocresía social.Tenemos que hablar del suicidio sin miedo alguno.Es absolutamente falso y es una estupidez decir que hablar del suicidio incite al suicidio.Los especialistas psiquiatras y psicólogos están contribuyendo con su silencio a que siga esa mentira y ese tabú social y no se hable de ello cuando lo correcto y adecuado es que se hable del suicidio como se habla de las víctimas de la violencia de género,en los medios de comunicación social.

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