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Los mandatos familiares pueden dejarnos congelados en la infancia

Nacemos en el seno de una familia cargada de creencias, normas y actitudes que nos transmitirá de forma tácita, sin apenas darnos cuenta, ya que se transfieren en forma de actos implícitos, sin más finalidad que la de otorgarnos una identidad determinada con la que poder identificarnos y sentirnos parte del grupo.
En general, a lo largo del desarrollo funcionamos en torno a ellas sin ponerlas en duda ni debatirlas, es más, normalmente los niños las muestran con orgullo fuera del ámbito familiar, al menos aquellas que resultan evidentes y poco controvertidas, el niño las hace suyas, hasta el punto que puede sentirse uno más dentro de la familia y que por supuesto, conllevará a su vez ser amado y aceptado.
En nuestra familia somos así, nos encanta veranear en la montaña, no somos nada de ciudad, nos gusta la tranquilidad, las playas son sucias y ruidosas, nada que ver con nosotros
Desde bien temprano se advierten con gran sutileza aquellos asuntos de los que se puede hablar con apertura, los que mejor no mencionar, se asimila aquello en lo que como grupo familiar creemos, pensamos, opinamos, compartimos, se absorbe la forma desde la que mirar al mundo y el modo en que se espera que los miembros del grupo lo hagan.
Y es que los mandatos familiares conforman una forma de vida, una estructura cargada de supuestos éticos, morales, políticos, religiosos, intelectuales, afectivos y relacionales, el marco desde el que colocarse para ser uno más del grupo.
Los mandatos familiares pueden servir para el crecimiento y la apertura, por supuesto, algunos de ellos conllevan un estilo de vida ciertamente feliz ya que abogan precisamente por una existencia sin mandatos rígidos ni silenciosos, a saber:
Vive tu propia vida, haz aquello que te permita encontrar la felicidad, no dejes que nadie te diga lo que puedes ni lo que debes hacer, simplemente hazte cargo de ti mismo con valentía, confía en tu propio instinto, no importa si te equivocas, vuelve a intentarlo, lucha, haz tu vida a tu manera.
Sin embargo, por su capacidad para ser aceptados aun sin tener conciencia de ello, también posibilitan una vida disfuncional, en donde las personas bloquean, reprimen o inhiben su propia felicidad cuando ello implica ir en contra de los supuestos marcados como aceptables por la familia de origen.

En muchos casos, es tal el desconocimiento de los mandatos que el adulto se siente incapaz de tomar una decisión de tomar una postura clara frente a la vida, algo en el plano de lo no consciente impide que pueda aceptar sus deseos con el mismo honor con el que acepta los de sus padres.
Es entonces cuando aparecen sentimientos ambivalentes, emociones cruzadas frente a un mismo hecho o fantasía, sentimientos de incapacidad y de frustración cuando no un estado depresivo que inhibe cualquier intento de poner en evidencia y esclarecer sus propios deseos personales.
Nos encontramos entonces con adultos infantilizados atrapados en la imposibilidad de revelarse ante unos mandatos obsoletos, castrantes, ajenos a sus preferencias vitales, limitantes, culposos, que le perpetúan en una posición de tratar de seguir siendo aquel que le dictaron que fuese cuando aún era un niño.
Lo cierto es que las imposiciones en forma de normas morales o afectivas que se le brindan al niño no son discernibles en la infancia, el niño no tiene la capacidad de disentir porque de hacerlo podría ser rechazado. Su motivación es la búsqueda de afecto y de aceptación, la inclusión en el grupo familiar, ser amado por sus padres es su principal necesidad, por ello no solo aceptará los mandatos sino que los hará suyos mientras permanezca en el seno familiar como hijo aun no diferenciado de los padres.
Tengamos consciencia o no de ellos, los mandatos familiares transmitidos desde la más tierna infancia pueden actuar, en la mayoría de las ocasiones, como elementos represores para el desarrollo personal, generando en el adulto una incapacidad para reconocer sus propios deseos y necesidades cuando estos discrepan de las normas morales, éticas, religiosas, afectivas y relacionales que fueron asumidas como parte de una identidad colectiva llamada familia. Crecemos escuchando en boca de otros quienes somos y debemos ser, sin manifestar discrepancias dadas las lealtades manifiestas que sostienen los vínculos familiares, hacerlos conscientes y debatirlos es clave para salir de la posición infantil y encontrar el lugar que como adultos nos corresponde.
Solo desde ahí podrá advertir y discutir los mandatos, tomar la distancia necesaria para ponerlos en duda y comenzar a construir unos propios con los que iniciar su vida adulta. Por desgracia no siempre puede hacerse este proceso con éxito, a veces es tan fuerte la culpa y tan confusos los vínculos entre padres e hijos que pueden instalarse en la vida adulta sin siquiera ocupar un lugar visible, funcionando a través de ellos e impidiendo un desarrollo emocional y personal libre o espontáneo. Será en los momentos vitales importantes, en las parcelas donde tomar decisiones, en el encuentro íntimo con los demás y en los cambios en general donde asomen las dificultades para hacerse cargo de uno mismo, para responsabilizarse y tomar conciencia de los deseos, necesidades y miedos que cargan todos estos procesos de una vida emocional activa.
Hacer conscientes los mandatos a través del acto de explicitarlos será parte del camino a recorrer para poder resolver las dificultades que uno percibe como incómodas y que vivencia con una gran carga emocional. Los mandatos no reconocidos o no superados provocan tristeza, ira, ansiedad, miedo, mantienen al adulto en una forma de funcionamiento infantil, viviendo ajeno a la inercia y el poder propio de los mandatos, queda entonces atrapado e inmovilizado en una vida que le resulta ajena, difícil y vacía, siendo necesario disociarse de los afectos para lograr una supervivencia óptima, posiblemente cargada de represión y frustración.

2 Comentarios

  1. Laura dice:

    Buenísimo este articulo. Describe perfectamente el mecanismo tan complejo que conforma los miembros de la familia…muy recomendable. Estoy enganchada a vuestros artículos,me encantan! Buen trabajo! Nos ayudáis un montón!/

    • un paseo por la mente un paseo por la mente dice:

      Muchas gracias Laura! Es un placer compartir ideas con un público tan atento y curioso! Deseando que sigas enganchada a este paseo por la mente. Un abrazo!.
      Recuerda que también puedes seguirnos en facebook ,esperamos que el resto de nuestras publicaciones sean útiles para ti.
      Un saludo y gracias.

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