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La importancia del sueño;¿Por qué tenemos que dormir?

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La importancia del sueño

El sueño es una de las funciones del sistema nervioso central y se considera una necesidad fisiológica vital para la salud del ser humano, ya que permite restablecer las funciones físicas y psicológicas requeridas para obtener un buen rendimiento durante el día. Se sabe que es un proceso dinámico, en el que se activan unas redes neuronales y se desactivan otras en distintas zonas cerebrales. Sin embargo, aún hoy, muchos aspectos relacionados con el sueño son desconocidos.

A grandes rasgos, podemos decir que necesitamos dormir para poder mantenernos despiertos y activos durante el día. Sin embargo, el sueño se considera una necesidad vital porque a través de múltiples estudios, sabemos que si a un organismo se le priva totalmente de sueño, acaba muriendo y que cuando la privación de sueño es temporal o parcial, el cuerpo reacciona aumentando la necesidad de sueño los días posteriores.

Hay que trabajar ocho horas y dormir ocho horas, pero no las mismas”

Woody Allen

También se ha sugerido una relación entre la falta de sueño y una mayor incidencia de  enfermedades cardiovasculares, psiquiátricas, hormonales e inmunológicas que disminuyen la calidad de vida.

La realidad es que aún desconocemos cuales son las funciones específicas del sueño y por ello la respuesta a esta pregunta se basa en teorías que han ido surgiendo a raíz de los hallazgos de diversos experimentos sobre cambios fisiológicos que se producen en el cuerpo mientras dormimos. Al sueño no-REM se le atribuyen tres funciones teóricas posibles: Conservación de la energía (recuperación del gasto energético producido durante el día); reparación (corporal y neurológica, basándose en las alteraciones cognitivas que aparecen tras deprivación de sueño) y de protección (el cuerpo se prepara ante el desgaste previsto del día posterior). En el sueño REM, la teoría de la consolidación es la más extendida, ya que según algunos estudios, en este etapa existe una mayor actividad cerebral en las áreas que controlan la memoria y las emociones.

El estudio del sueño

El estudio del sueño se realiza mediante la polisomnografía, que consiste en el registro de determinadas variables fisiológicas simultáneamente durante el sueño: electroencefalograma (representación gráfica de las oscilaciones de la actividad eléctrica cerebral recogida a través de electrodos en el cuero cabelludo), electromiograma, movimientos oculares, electrocardiograma, cambios respiratorios, temperatura corporal, tensión arterial, cambios de conducta, erección peneana, gases en sangre…

Existen dos tipos de sueño bien diferenciados que ocurren durante la noche siempre en el mismo orden:

El sueño de ondas lentas o No-REM (Non Rapid Eye Movement), que consta a su vez de 4 fases: las fases I y II de sueño superficial y las fases III y IV de sueño profundo. A lo largo de estas fases se produce un descenso progresivo del tono muscular, de la temperatura corporal, la tensión arterial y de las frecuencias cardíaca y respiratoria. También se observa un mayor aislamiento sensorial del entorno y por ello mayores dificultades para despertar, que llegan al grado máximo en la fase IV.

El sueño REM (Rapid Eye Movement), también llamado sueño paradójico puesto que la persona está dormida pero su actividad cerebral es similar a la de la vigilia. Se caracteriza por movimientos oculares rápidos y pérdida del tono muscular. La frecuencia cardíaca y la tensión arterial son fluctuantes y hay una elevada actividad neuronal y metabólica.

Cuando nos dormimos iniciamos el sueño superficial en fase I (pocos minutos), seguido de fase II y posteriormente, pasamos al sueño profundo o lento, fases III-IV. Después se inicia el período REM de 60 a 90 minutos después del comienzo del estadio I. Esta cadencia de sueño No-REM/REM se sucede a lo largo de la noche formando ciclos que duran entre 90 y 120 minutos y se repiten de 4 a 6 veces a lo largo de una noche. Al inicio de la noche, predomina el sueño de ondas lentas y posteriormente aumenta el porcentaje de sueño superficial y REM.

En un sueño promedio de ocho horas del adulto, el 75 al 80% del total corresponde al sueño no-REM: 5% para la etapa I, 50% para la II y 20% para las etapas III-IV. La duración del sueño REM varía entre el 20 y el 25% del total del sueño.A lo largo de la vida, se van limitando las horas de sueño y los porcentajes van variando.En el inicio de la vida, el sueño se reparte en ciclos cortos durante todo el día y la fase REM ocupa la mayor parte del tiempo ya que es esencial para la maduración y desarrollo cognitivo del niño.Durante la infancia, la vigilia y el sueño se van delimitando en dos fases a lo largo del día aunque al menos en la primera infancia, necesitan dormir una siesta.A lo largo de la vida adulta se reducen las horas de sueño y la fase REM, a expensas de un aumento del sueño profundo. A medida que envejecemos, los mecanismos reguladores del ciclo vigilia-sueño pierden eficacia y disminuye tanto la capacidad para mantenernos dormidos como para mantenernos despiertos y por tanto los despertares son más frecuentes y duraderos y aumenta la somnolencia diurna.  Además, las enfermedades y fármacos, la privación de sueño, la temperatura ambiental y el consumo de tóxicos pueden variar la calidad y estructura del sueño.


El sueño según cada persona

Las necesidades de sueño varían entre distintas personas y entre momentos de la vida de una misma persona. Parece que la necesidad básica de sueño para mantener las funciones y supervivencia está en torno a 4-5 horas cada 24 horas. El resto de horas mejoran el bienestar y calidad de vida. Las horas necesarias de sueño son las permiten estar bien durante el día, sin sentir somnolencia hasta la noche siguiente. No obstante, según el dramaturgo Wilson Mizner, “La cantidad de sueño requerida por la persona promedio es cinco minutos más”
Como podemos ver, la idea de algunos de que dormir es “una pérdida de tiempo” dista mucho de la realidad y quizá tengamos que realizar algunos cambios en nuestro estilo de vida que permita una optimización de nuestra forma de dormir y por tanto, una mejora de nuestra calidad de vida a nivel físico y psicológico.
Quizá más adelante podamos hablar y aclarar algunos aspectos sobre los problemas y los trastornos de sueño como el famoso insomnio u otros, que, con mayor o menor frecuencia, todos experimentamos en algunos momentos de nuestras vidas.

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