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“La envidia: un peligroso sentimiento”

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¿QUE CONOCEMOS POR LA ENVIDIA?

La envidia es una emoción o sentimiento que puede hacer sufrir tanto a quien la padece como a quienes le rodean. Quien envidia siente un dolor psíquico, más o menos intenso, y más o menos consciente, frente a otra persona que tiene aquello que considera valioso, y de lo que se cree privado. La Real Academia Española de la lengua (RAE) la define como “tristeza o pesar del bien ajeno” o como “emulación, deseo de algo que no se posee”.Se trata de un sentimiento muy relacionado con términos como narcisismo, auto concepto, o autoestima, es decir, con la valoración acerca de nosotros mismos, nuestras capacidades, rasgos, recursos, etc. Y es que tener envidia está relacionado con insatisfacciones con nuestro ser, con sentir carencias que vemos en otros… La gente que envidia, de una manera más o menos reconocida, se siente inferior a otros, con los que puede estar continuamente comparándose, aunque sólo sea en aquellas cosas que desea poseer de las otras personas (físico, dinero, familia, trabajo, salud, capacidades, etc.). Generalmente lo propio no les vale o no les es suficiente, y de ahí el sufrimiento personal, más o menos puesto en palabras, del envidioso.
Varios autores han dedicado espacio en sus obras a este fenómeno psicológico. Una de las autoras que más contribuyó a su consideración fue la psicoanalista Melanie Klein, quien la consideró como un sentimiento enojoso, contra otra persona, que posee o goza de algo deseado, y a quien se quiere dañar o destruir. La autora enfatizaba los aspectos negativos de la envidia, remarcando que puede conllevar una actitud hostil o agresiva hacia todo aquel que tiene aquello que deseamos, generado por el impulso de querer quitárselo, robárselo o incluso queriendo dañarlo por eso que consideramos como una virtud.No es de extrañar que para el cristianismo, la envidia sea considerada uno de los siete pecados capitales, puesto que recoge que aquellos que cometen el “pecado de la envidia”, desean algo que alguien tiene y que a ellos les falta, por lo tanto, desean el mal al prójimo, y se sienten bien con el mal ajeno. Lo consideran un “pecado” porque atenta contra el amor al prójimo que proclama Jesús, y “capital”, porque puede derivar en otros pecados.

 

¿CÓMO SURGE LA ENVIDIA?

 

Para Melanie Klein la envidia era algo innato, algo presente desde el nacimiento, que puede llegar a afectar a las primeras experiencias del bebé con sus cuidadores. Sin embargo aunque haya un componente temperamental o incluso “genético”, actualmente sabemos que también el envidiar puede ser aprendido o adquirido. Puede surgir por ejemplo a través de la identificación, de un niño con sus padres o personajes admirados envidiosos, que dedican gran parte de su tiempo a criticar a conocidos o personajes famosos de la televisión, o que se alegran ante el malestar o desgracia de otros.

Lo envidiado puede ser un rasgo, una característica, una pertenencia, etc. algo que por lo general suele ser idealizado, es decir, considerado mejor de lo que realmente es, o de una vital importancia, una importancia quizás mayor de la que verdaderamente tiene. En esas cosas que tendemos a considerar indispensables, necesarias, mejores, etc., o en la tendencia a compararse con los demás, para bien o para mal, también tendrán que ver las interacciones que hayamos tenido con nuestros seres queridos, la educación que hayamos recibido, y las cosas que nos hayan ido pasando a lo largo de nuestra historia.

 

 

¿QUÉ PASA EN LA MENTE DEL ENVIDIOSO? Consecuencias de la envidia…

 

Como decíamos antes, no todas las personas que sienten envidia son conscientes de dicho sentimiento, del sufrimiento que crea, o de los impulsos que tienen de dañar o destruir al envidiado.  Estas personas pueden poner en marcha “ataques” en su mente o en la realidad, denigrando a las persona envidiadas sin darse cuenta de que es por envidia. Y es que esta agresión, desvalorización o humillación hacia los envidiados puede servir para no sentir ese sufrimiento personal que ocasiona la envidia, es decir, puede proteger del sentimiento de considerarse menos que otros. Mediante el endurecimiento del odio o la animadversión camuflan la envidia. El envidioso puede no darse cuenta de que dicha destructividad contra otros procede de que tienen aquello que admira.

Entre los peligros que puede generar la envidia, se encuentra el que uno puede caer en una eterna insatisfacción, ya que, el envidioso puede ser insaciable. Al derivar dicho sentimiento de su interior, siempre puede encontrar a alguien en quien centrarse. Por otra parte, al mirar continuamente lo que tienen o consiguen los demás, se olvida o pierde tiempo para atender sus propias pertenencias, logros, o incluso tareas que pueda estar llevando a cabo. Todo ello puede interferir en la capacidad de gozar o disfrutar de todo ello, además de que al despistarle en las actividades que realiza, puede desviarle y alejarle de alcanzar sus propias metas.

A través de la rabia y el ataque hacia la persona que tiene algo envidiado, el envidioso puede llegar a denigrarlo completamente, lo que le impedirá ver las cosas buenas que tiene, y le imposibilitará aprender de otros aspectos de esas personas que pueden enseñarle a evolucionar como persona. Eso sin tener en cuenta que el que siente gran envidia puede llegar a aislarse, tanto para no exponerse a situaciones que puedan despertar ese doloroso sentimiento, como para alcanzar una tranquilidad que sólo pueden encontrar en la soledad,  al permitirles mantener su “superioridad” o autoestima integra, evitando así la comparación a la que tienden.

Por lo tanto podríamos decir que la envidia puede llevar a lo que conocemos como un empobrecimiento yoico, es decir, a no desarrollarnos, ya que puede implicar dejar de realizar intercambios enriquecedores con otras personas, que pueden dotarnos de nuevos recursos, habilidades, conocimientos, etc. todo lo que facilita el crecimiento personal.

 ojos de envidiaHay muchas otras formas que el envidioso puede utilizar para defenderse del dolor, una de ellas es despertando envidia en otras persona, por ejemplo a través del exhibicionismo, exaltación de sus virtudes, o incluso de la grandiosidad. Mediante un mecanismo de defensa conocido como identificación proyectiva, se consigue despertar en otra persona el sentimiento que no quiero sentir. Es decir, gracias a hacer que otro me envidie, me convierto en alguien que no envidia, y paso a la posición del envidiado.

            Otros cuantos envidiosos, para no sentir la envidia, de una manera inconsciente pueden llegar a fusionarse con aquellos que envidian, llegar a considerarse parte de ellos y así no sentir la diferencia, no sentirse menos que ellos. Este sería el caso de aquellas personas que hablan en plural sin darse cuenta, se consideran partícipes de los logros de los que envidian, pueden llegar a decir “hicimos esto” o “ganamos esto”, cuando no han sido autores activos de ese ansiado triunfo.

LA ENVIDIA Y LOS CELOS: Fenómenos distintos que pueden guardar relación…

Melanie Klein se encargó también de diferenciar la envidia de los celos. Según ella los celos se basan en el amor, y para que se produzcan entran en juego por lo menos tres personas: “el celoso”,  la persona que tememos perder frente a otro u otros, que serían el tercer y último componente, “los rivales”. El objetivo de los celos es poseer al objeto amado excluyendo al rival.

No obstante, para que aparezca la envidia sólo son necesarias dos personas, “el envidioso” y “el envidiado”, y en principio no tiene que ver con el amor. El objetivo de la envidia sería ser tan bueno como el envidiado, pero cuando esto se hace imposible, se despierta el deseo de arruinar lo bueno que posee el objeto envidiado para suprimir la fuente de envidia.

Así la envidia es algo diferente de los celos, aunque éstos pueden derivar de la envidia, ya que quien envidia a su pareja por sentirla como superior en algún aspecto, la convierte en alguien deseable por ese característica, tanto para sí misma como para otras personas que serán los potenciales rivales.




CONCLUSIONES…

Vamos viendo como la envidia podría ser considerada una “emoción tóxica”, utilizando un término de moda en la actualidad.  Aunque dentro de la psicología evolucionista, no faltan los psicólogos que la consideran una emoción que posibilita comprender el lugar en donde se encuentra la persona para poder contrarrestarlo, es decir, mejorar o adquirir aquello de lo que se carece.  Además la psicología evolutiva la considera una emoción que motiva a mejorar permitiendo la evolución de la especie. Esto podría hace alusión a lo que a pie de calle llamamos como “envidia sana”, pero, ¿realmente existe la envidia sana?, ¿puede haber envidia sin frustración con uno mismo por carecer de algo?, o ¿podemos tener envidia sin hostilidad consciente o inconsciente hacia otra persona? La verdad que parece difícil… No es lo mismo envidiar que admirar…

Para finalizar dejar reflejado que conviene estar atentos y hacerse consciente de la envidia que uno puede tener, por las consecuencias negativas, que como hemos visto, puede acarrear. Hay que tener cuidado a la hora de hacérselo manifiesto al que padece de envidia, puesto que puede hacerle sentir más defectuoso a alguien que más o menos conscientemente está atormentado. Vale más admirar a alguien motivándonos para conseguir aquello que nos llama la atención, que envidiar y sentir rabia porque posee algo que nosotros no, viviremos más en paz con nosotros mismos y con los que nos rodean.

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