Reír y llorar. La riqueza de no renunciar a ninguno.
26 marzo, 2018

La disfunción sexual.

La disfunción sexual consiste en la dificultad que puede presentarse durante cualquier etapa del acto sexual (deseo, excitación, orgasmo) que impide que la persona o su pareja disfruten de su sexualidad.

Estas dificultades pueden presentarse al inicio de la vida sexual o bien aparecer posteriormente, su comienzo puede ser repentino o progresivo y el origen puede ser tanto orgánico, como psicógeno, como combinado.

En algunos estudios, se refleja que casi la mitad de las personas de países desarrollados padecerán una disfunción sexual a lo largo de su vida, pero de todas ellas, solo del 2 al 5% de las personas consultarán con un profesional. Estos datos indican que aún hoy en día, para muchas personas existe una enorme dificultad para exponer algunos aspectos de su vida sexual, aunque sea con un profesional. La limitación habitual de las mujeres reside en el temor a sentirse diferentes o no ser capaz de satisfacer a su pareja y en el caso de los hombres, en el miedo a que se cuestione su masculinidad principalmente.

 

Dentro de las disfunciones sexuales, pueden señalarse cuatro categorías, que pueden darse tanto en mujeres como en hombres:

 

  • Alteraciones del deseo sexual: pueden estar relacionadas con cambios hormonales, causas fisiológicas como la edad o el embarazo, psicofármacos, depresión, ansiedad…

 

  • Alteraciones de la excitación sexual: se presentan como evitación del contacto sexual y pueden estar relacionadas con problemas médicos (falta de una vascularización adecuada, enfermedades crónicas) o también con problemas en la pareja.

 

  • Alteraciones del orgasmo: que puede consistir en retraso o ausencia del mismo tras una excitación sexual adecuada. Con frecuencia los antidepresivos ISRS pueden tener relación, aunque puede haber diversas causas.

 

  • Dolor sexual: se da principalmente en mujeres y son dispareunia y vaginismo.

 

La evaluación y abordaje de la disfunción sexual actualmente requieren un abordaje multidisciplinar y de ser posible, un trabajo en equipo (médicos de distintas especialidades como endocrinología, psiquiatría, ginecología, urología, psicólogos, sexólogos, fisioterapeutas…) que permita realizar un diagnóstico adecuado y un tratamiento específico para el o los problemas que se detecten.

 

En primer lugar, a través de la entrevista, la historia del paciente y la descripción detallada del problema, se valorará si realmente se trata de un trastorno sexual como tal o no. En caso de que no lo sea, se puede realizar un trabajo sobre mitos y educación sexual o intervenir a nivel individual si existe, por ejemplo, algún problema psicológico.

 

En el caso de que sí se detecte una disfunción sexual, el siguiente paso sería conocer cuál es su origen: orgánico, psicógeno o combinado, donde entraría en juego la valoración por parte del equipo compuesto por diferentes profesionales.

 

Las causas orgánicas pueden tener relación con alteraciones a nivel genital, neurológicas, endocrinológicas, vasculares, fisiológicas (por ejemplo la edad), enfermedades crónicas, el consumo de drogas, tratamientos farmacológicos… En estos casos, la persona debe ponerse en manos del profesional indicado y realizar el tratamiento que esté recomendado para su problema concreto. En algunos casos, estas personas necesitarán también apoyo psicológico durante el proceso.

 

Cuando se descarta una patología orgánica y el origen psicógeno está en primer plano, se valora el nivel de intervención necesario, que puede ir desde el consejo o la orientación hasta la terapia sexual. Dentro de las causas psicógenas, es importante realizar por un lado una evaluación de la situación de pareja y también de posibles problemas personales que puede estar viviendo o haber experimentado la persona. En caso de detectar problemas en estas áreas, se realizará una intervención de pareja  o en su caso, una psicoterapia individual respectivamente. Es importante destacar que algunos problemas de salud mental como la depresión, la ansiedad y otros, pueden presentar como síntoma secundario una disminución del deseo sexual o alteraciones del orgasmo que son también reversibles, una vez que se ha recibido el tratamiento adecuado.

 

La disfunción sexual es por tanto un problema que aparece con frecuencia, sobre el que hoy en día aún cuesta hablar en las consultas de médicos y psicólogos. Una gran parte de sus causas son reversibles si se recibe el tratamiento adecuado, logrando de esta forma una mejoría significativa de la calidad de vida de la persona que lo recibe. Por estos motivos, es importante poder abordar estas cuestiones con mayor naturalidad y apoyar a las personas de nuestro entorno que puedan encontrarse con estas dificultades para que consulten y puedan realizar su proceso de evaluación y tratamiento.

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