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La comunicación interior: cómo convivir mejor con nosotros mismos

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Existe alguien con quien no paro de hablar continuamente. Sé que está siempre presente y la única manera que tengo de parar la conversación es distraerme con algo de fuera: puedo ver una película, leer un libro, pasar un rato con amigos (esto no siempre logra parar el discurso) y entonces siento que me distancio, que dejo por un tiempo de estar en comunicación con mi eterna compañera.Muchas de las veces, cuanto más la escucho, acabo con la cabeza a punto de estallar, pensando: madre mía, ¡es incansable! ¡Que alguien la pare! .
El mono que salta y salta, el budismo y muchas de las filosofías orientales, conciben la mente como un mono incansable que no para de saltar de un lugar a otro, imparable, inagotable e insaciable. Sus movimientos son tan rápidos y caóticos que hacen difícil poder observarle. Tiene un ritmo y una intensidad que hace que nos sintamos totalmente identificados con él, como si lo que pensásemos nos definiera en todo nuestro ser.Ha sido en los últimos años cuando algunas corrientes psicológicas predominantes en nuestra cultura han comenzado a incorporar estas ideas: Mindfulness y  la Terapia de Aceptación y Compromiso principalmente. Vienen a hablarnos de ideas muy antiguas que en otros lugares del mundo se han mantenido presentes. Estas ideas nos hablan de no caer en la trampa de la hegemonía de la mente, de saber que hay vivencias que nos ocurren más allá de las palabras, que no siempre la solución es a través de los pensamientos y sobre todo que muchas veces son los pensamientos los que nos dirigen a nosotros. Que yo piense que algo es así, no significa que lo sea. Es decir, puedo pensar que soy de una manera, que no valgo para nada, que no voy a poder salir de dónde estoy, que no soy capaz de conseguir lo que quiero…Sin embargo, esto no habla de la realidad sino de cómo yo la veo a ella, no es lo que yo soy sino lo que pienso de mí y NO ES LO MISMO. Y si no logro abrir otras posibilidades, lo más natural es que acabe confirmando lo que pienso. Esto es lo que en psicología conocemos como  profecía autocumplida.

¿Y cómo puedo ver al mono?

Estos pensamientos muchas veces no ocurren a nivel consciente, sino que más bien están escondidos en lugares recónditos de nuestra mente. O nos hemos acostumbrado tanto a esa voz (que nos acompaña desde pequeños) que ya es como un ruido blanco que no podemos reconocer. Para poder percatarme de estos pensamientos automáticos necesito tener cierta práctica en poner la atención en lo que pienso, en darme cuenta de qué me voy diciendo y tener también cierta calma para poder pararme a escuchar. Una forma de ir entrando en contacto con ellos es escribir cuando algo nos ha afectado o no nos encontramos bien. Así nos ponemos un espejo enfrente y podemos observar y percatarnos de nuestros propios razonamientos. Cuanto más llevo una vida frenética y apresurada, más me va a costar escucharme a mí misma. Por eso, ayuda mucho si podemos pararnos en algún momento del día y reflexionar sobre cómo estamos, cómo nos ha afectado lo que ha ocurrido en el día. Así ponemos en evidencia que tengo una relación conmigo y que necesito darme espacio y tiempo para conocerla y cuidarla. Además, para ir conociendo al mono y sus movimientos, necesito mantener cierta perspectiva en relación a  mi mente. Es decir, si yo pienso que cada vez que voy al trabajo me voy a sentir no valorada y explotada  y me identifico totalmente con ese pensamiento, lo único que voy a hacer cada vez que empiece una nueva jornada es corroborar lo que mi cabeza dicta. Necesito cierto espacio para dejar abierta la posibilidad de que no sea así y pararme a vivir realmente esa experiencia para reconocer si coincide con mi idea o no. Esto no quiere decir que no haya situaciones externas que necesite cambiar, pero sí que necesito tener también en cuenta cómo miro el mundo y qué alternativas manejo.

Una vez que lo veo, ¿puedo hablar con él?

Así que tengo a alguien que no para de hablarme en mi cabeza. Y su influencia es enorme. Es como si viera una publicidad subliminal 24 horas al día. Y con ella, no puedo poner una ley que la regule y la prohíba porque es una manipulación constante. La única herramienta que tengo para manejar mi propia publicidad es conocerla y dialogar con ella. Para conocerla necesito precisamente crear esa distancia, saber que no soy sólo eso, que hay una parte que puede conocer a la otra parte precisamente porque soy algo más allá de los pensamientos.  Y una vez que pueda poner esa distancia, podré escucharla y dialogar con ella.
¿Y dialogar para qué?. Si es una parte de ti, ¿estarás de acuerdo con lo que piensa, no?.Supongo que la mayoría de nosotros tenemos experiencias de saber que nuestra mente, lo mismo que nos ayuda mucho en lograr metas importantes para nosotros (analizar situaciones y resolverlas, prevenir obstáculos que pueden aparecer, estudiar, aprender…), en muchas ocasiones nos juega malas pasadas. Esto además suele ocurrir en los niveles más íntimos de nuestra relación con nosotros mismos. Es decir, muchos de nosotros funcionamos de una manera que externamente podría verse como válida: tener un trabajo, una cotidianidad, valernos por nosotros mismos, tener gente afectivamente importante cerca. Y sin embargo, puede que siempre haya algo que determine cierto grado de insatisfacción o de inquietud: sentir que eso no es lo que querías en tu vida, que las cosas podrían ser de otra manera, que te gustaría tener un trabajo mejor o ganar más dinero, preocupación por el futuro,…Tanto si sentimos que tenemos un buen funcionamiento como si no, siempre que hay un malestar dentro éste se relaciona con esa vocecilla que nos dice cosas continuamente aunque no la oigamos. Nos da órdenes, ideas cerradas de cómo debería ser nuestra vida, juicios sobre nosotros mismos, nos quita el impulso cuando decidimos probar algo nuevo…Cada mente tiene su lenguaje particular y nos dirá los mensajes que se ajustan a nuestra historia y a nuestras vivencias. Bajar a lo concreto y ver qué palabra usa y cómo nos afecta es la tarea personal que tenemos por delante si queremos ir tomando nuestras propias riendas y tener una relación más satisfactoria con nosotros mismos. Sin olvidarnos de que esa voz es sólo una parte de nosotros.

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