El desarrollo de la autoestima en el niño: Sentirse Amado. Parte 1
20 marzo, 2017
¿Valores en el deporte?… Padres a puñetazo limpio.
11 abril, 2017

La complejidad de la agresividad. Parte I

www.unpaseoporlamente.com

¿Qué es la agresividad?

Para definir la agresividad vamos a basarnos en los manuales clásicos de psicopatología de A. Sims y Ch. Scharfetter.  Así podríamos decir que la agresividad es la tendencia o disposición a ser agresivo, es decir, a cometer agresiones; entendiendo por agresión, el ataque verbal o físico sobre otros seres vivos u objetos.La agresividad va acompañada de algunas emociones como la ira, la rabia, el rencor, el miedo, etc. Dichas emociones son tildadas de negativas, pero ¿siempre lo son?. Podríamos decir que la mayoría de veces sí si atendemos a las consecuencias, pero bien reguladas, en ocasiones, pueden sernos de gran utilidad...
No hay más que mirar a nuestros vecinos los animales. Evolutivamente han necesitado la agresividad para sobrevivir, mantenerse vivos, conservar a los de su propia especie, mantener su lugar en el grupo y su hogar, o incluso para conquistar a sus parejas (rituales de apareamiento) o conservarlas. En el reino animal, la fiera hambrienta, se torna agresiva en la búsqueda y captura de una presa que le alimente, al igual que un animal herido se vuelve agresivo en contra del atacante para defenderse. La agresividad puede ser un auténtico arma de supervivencia.
Como sucede con los animales, también podríamos decir que al ser humano le hace falta cierta agresividad para hacer frente a problemas y conflictos personales que irá encontrando, tanto a lo largo de su historia, como en la sociedad en la que convive. Pero la clave es saber gestionarla, evitar caer en los daños que puede producir tanto a otros como a uno mismo; y una de las herramientas para regular, gestionar o controlar una emoción, es el conocimiento de ella.

Analizando el fenómeno de la agresividad…

Como Hugo Blecihmar (psiquiatra psicoanalista) plantea en su obra, la agresividad se tiende a analizar generalmente desde la perspectiva del sujeto que sufre los ataques del violento, enfatizándose de esta manera, el carácter destructivo que tiene la agresividad.
Pero en este texto, y próximos que vendrán al hilo, vamos a reflexionar de una manera muy general, y con en el enfoque modular transformacional con el que trabaja Bleichmar como guía, sobre ¿qué sucede en la mente y cuerpo del sujeto agresivo?, ¿cuáles son las motivaciones y circunstancias que activan la condición de la agresividad?, ¿qué funciones puede tener para el que hace uso de ella?. Cambiaremos la perspectiva para centrarnos en analizar al sujeto que hace uso de este fenómeno.
Para introducir dicho análisis, hacer constancia de que en la comprensión del fenómeno de la agresividad, clásicamente, han existido dos líneas de trabajo:
  • Por un lado estaban los autores que veían la agresividad como una condición innata, algo con lo que venimos desde que nacemos, y que no podemos evitar. Una pulsión a descargar, con más o menos fuerza, y más o menos consciente, común a todos.
  • Por otro lado estaban los autores que veían la agresividad como un fenómeno reactivo, es decir, algo que se despierta en respuesta algún suceso. Por ejemplo, según Meissner, la agresividad podría ser una forma de intentar superar un obstáculo que se opone a nuestras necesidades, o una forma de afrontar algo que nos puede hacer daño, que nos invade, que vela en contra de nuestros intereses…
Como suele suceder, todas las teorías nos aportan algo, y habrá que tener en cuenta las dos. Sería imposible negar que existe una predisposición a la agresividad, un factor constitucional que tiene que ver con nuestro temperamento, con nuestros genes y biología. Existen distintas formas de ser, algunas más irritables o más predisponentes a reaccionar con respuestas agresivas, y otras que menos, con mayor autocontrol, mayor regulación emocional, mayor  tendencia a evitar o reprimir la agresividad por distintos motivos, o incluso personas que ni siquiera la sientan, que no lo tengan “permitido” o ni siquiera constituido como una posibilidad.
Pero en nuestra forma de ser, no sólo tendrán que ver los genes y la biología, sino que en ella también habrán influido otros aspectos. Por ejemplo cómo fueron nuestros cuidadores, cómo aprendimos con ellos a regular nuestros afectos, con qué rasgos suyos nos identificamos al considerarlos “ideales”, etc. También tendrán su peso las experiencias que hayamos vivido, que irán modelándonos; y los acontecimientos que atentan contra la valoración que tenemos de nosotros mismos, o los que nos producen miedo, serán los que más predispongan a que la agresividad tenga peso en nuestra forma de ser, y en la reacción ante nuevas circunstancias adversas que se puedan ir dando.

Agresividad sádica vs. Agresividad defensiva 

Una forma de empezar el análisis de este fenómeno es distinguir entre estos dos tipos de agresividad que poco tienen que ver entre sí. La primera, la agresividad sádica, es aquella usada para la búsqueda de placer, una forma de gozar haciendo daño. Sin embargo, la agresividad defensiva, se despertará en respuesta a circunstancias que nos producen angustias de distintos tipos y por distintos motivos.
Al ir desmenuzando el fenómeno de la agresividad, veremos que sobre la agresividad defensiva, será sobre la que más hablaremos. Hay que tener en cuenta que es la más fácil de modificar, puesto que en teoría, reconociendo lo que nos angustia, cómo nos hace sentir, y trabajando sobre ello, podremos reducir sus consecuencias y gestionarla mejor.

La agresividad: una respuesta al sufrimiento…

Podríamos decir que casi todas las condiciones que activan la agresividad implican algún tipo de sufrimiento para el sujeto. No en la agresividad que hemos denominado como sádica, pero sí en el resto. Dicho sufrimiento puede estar en relación a algo que nos ocurre en el cuerpo, como por ejemplo sensaciones, estados displacenteros, etc. Estaríamos hablando de agresividad que se despierta en respuesta a una amenaza interna.Sin embargo, también se puede encender la agresividad por algo que nos viene de fuera y que codificamos como peligroso por uno u otro motivo, como podría ser una circunstancia que nos pueda invadir, dañar, o ir en contra de nuestras necesidades o intereses, y que por tanto, despertará emociones para defenderse. Esto podría darse en situaciones de acoso, de invasión, de menosprecio, etc. Estaríamos hablando de la agresividad que se despierta en respuesta a una amenaza interna.
Dentro de esta, estaría la agresividad que podemos considerar más cercana a lo animal, la que puede movilizarse porque nos emerge desde dentro una necesidad, o porque sentimos una amenaza al equilibrio de nuestro cuerpo. Por ejemplo sería el caso de la gente que se pone agresiva cuando tiene hambre, cuando tiene un dolor, o cuando no ha dormido lo suficiente...
Sin embargo, también se puede encender la agresividad por algo que nos viene de fuera y que codificamos como peligroso por uno u otro motivo, como podría ser una circunstancia que nos pueda invadir, dañar, o ir en contra de nuestras necesidades o intereses, y que por tanto, despertará emociones para defenderse. Esto podría darse en situaciones de acoso, de invasión, de menosprecio, etc.

Conclusiones…

En siguientes post nos meteremos más en profundidad acerca de qué condiciones, que nos hacen sufrir, nos pueden llevar a la agresividad. Pero de manera general, cada vez que nos encontremos con fantasías o conductas agresivas en alguien o en nosotros mismos, nos tendremos que preguntar a qué sufrimiento responden, cómo se está sintiendo la persona o nosotros mismos, para que la agresividad haya entrado en juego.Todos tenemos emociones relacionadas con la agresividad, emociones a regular, y que bien gestionadas, podrán sernos de gran utilidad. Merece la pena entonces sentarse a reflexionar sobre ello.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*