Ansiedad… de tenerte en mis brazos… Ansiedad… aunque estés en mis brazos…
26 diciembre, 2016
¡Desde que mi hij@ está mal, estamos todos fatal!
9 enero, 2017

Embarazo y Salud Mental

www.unpaseoporlamente.com

El embarazo y la lactancia, son períodos en la vida de la mujer en los que se producen importantes cambios tanto a nivel físico como a nivel psicológico. Son etapas de especial sensibilidad en la salud mental de la madre en las que pueden darse bien el comienzo de una patología mental nueva, o bien la modificación en la evolución de una patología mental existente previamente.

La depresión y la ansiedad son los problemas de salud mental más comunes durante el embarazo. En torno a un 12% de mujeres experimentan depresión y un 13% experimentan ansiedad en algún momento. Muchas mujeres experimentan ambas. La depresión y la ansiedad también afectan a un 15-20% de mujeres en el primer año después del parto. Durante el embarazo y el período postnatal, los trastornos de ansiedad (trastorno de pánico, trastorno de ansiedad generalizada, trastorno obsesivo-compulsivo y trastorno por estrés postraumático) pueden ocurrir por separado o pueden coexistir con una depresión. Una psicosis puede debutar, reaparecer o exacerbarse durante el embarazo y el período postnatal. La psicosis postparto afecta a entre 1 y 2 de cada 1000 mujeres que dan a luz y puede aparecer en mujeres que no tienen historia psiquiátrica previa. Las mujeres con trastorno bipolar I tienen alto riesgo de recaída.

En muchos de estos casos puede ser necesario el tratamiento farmacológico. Sin embargo, el temor a que se produzcan daños en el feto o que se les recomiende abandonar la lactancia para recibir tratamiento con psicofármacos hace que muchas mujeres tarden en consultar o que eviten o abandonen el tratamiento. Por otra parte, si estos problemas de salud mental no se tratan adecuadamente, la mujer puede continuar teniendo síntomas, a veces durante muchos años y esto puede afectar también al feto o bebé.

Cuando una mujer embarazada consulta, el profesional de la salud mental debe aportar información científica a la madre y al padre del bebé acerca de los potenciales efectos adversos de los psicofármacos, así como de las ventajas e inconvenientes de no usar dicha medicación y dejar evolucionar la enfermedad de la madre sin tratamiento psicofarmacológico, con las repercusiones que esto puede tener tanto para la madre, como para el feto, y por tanto para toda la familia.


Sin embargo, hay limitaciones significativas a la hora de aportar información basada en la evidencia acerca de  los riesgos de tomar psicofármacos o no durante el embarazo y la lactancia. La dificultad radica en que no es posible realizar los habituales estudios sobre la efectividad y tolerancia de los psicofármacos en mujeres embarazadas porque no resultarían éticos y se disponen de escasos estudios que analicen las posibles incidencias de las enfermedades mentales graves no tratadas sobre el desarrollo fetal.

El principal motivo para evitar la prescripción de psicofármacos durante el embarazo es la posibilidad de producir malformaciones congénitas en el feto. El porcentaje de recién nacidos con malformaciones es del 3-5% de la población general y de ellos, solo el 3% de las malformaciones son atribuibles a medicamentos.


Por otra parte, es necesario saber que en algunos estudios, se han asociado la ansiedad y depresión maternas durante el embarazo con diversos efectos sobre el feto como prematuridad, bajo peso, retraso del crecimiento, malformaciones congénitas y problemas de conducta, de atención e hiperactividad. Estos efectos están relacionados con el cortisol, hormona que aumenta en situaciones de estrés. Estos problemas mentales de la madre durante el postparto pueden producir un retraso en el desarrollo psicomotor y crecimiento del bebé, un vínculo más inseguro, problemas conductuales y peor funcionamiento cognitivo. La psicosis o lo episodios afectivos como la manía suponen una urgencia psiquiátrica y puede ser necesario un ingreso si no se puede garantizar un manejo ambulatorio adecuado.

Para evitar estos riesgos, en la medida de lo posible, se debe poner en la balanza la necesidad de tratamiento y deben emplearse los fármacos más seguros durante el embarazo. Por todo lo comentado anteriormente, no hay psicofármacos con autorización específica para mujeres embarazadas y el profesional debe seguir las recomendaciones aportadas en las guías clínicas. La Food and Drug Administration (FDA) norteamericana clasifica los medicamentos en cinco grupos según cual sea el riesgo que se asocia a su uso durante el embarazo. Los fármacos que están en las categorías A, B y C son los más recomendados; los del grupo D precisan una valoración de cada caso para sopesar el riesgo/beneficio, mientras que los pertenecientes al grupo E no deben utilizarse al existir evidencia de riesgo de malformaciones.

El primer trimestre de la gestación es el que más riesgos de malformación puede presentar, especialmente entre los días 18 y 55, período en el que se produce la formación cardíaca.

Para finalizar, podemos resumir que:

  • Una mujer embarazada puede experimentar cambios emocionales durante el embarazo o el postparto. Es una labor de la mujer y de su familia reconocer estos cambios y consultar con un profesional en caso de que sean persistentes o que interfieran con el funcionamiento habitual de la madre, ya que como hemos visto, pueden conllevar riesgos para el feto o bebé.
  • Las mujeres con una patología mental previa, deben poner especial atención en la detección de estos cambios emocionales, ya que el riesgo de reaparición de los síntomas en este período es elevado. En caso de que la mujer se encuentre en tratamiento psicofarmacológico antes del embarazo, se recomienda planificar el mismo con antelación para poder revisar y en su caso modificar estos fármacos o sus dosis, con el fin de mantener una estabilidad clínica y a la vez reducir al mínimo la posibilidad de daño fetal. Se desaconseja la interrupción brusca del tratamiento en estos casos, ya que el riesgo de recaída es elevado.
  • Los padres están en su derecho de solicitar información detallada al médico, acerca del balance riesgo/beneficio de un tratamiento psicofarmacológico versus el mantenimiento de la sintomatología de la madre para facilitar la toma de decisiones.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*