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El fenómeno del impostor

El fenómeno del impostor consiste en experimentar la sensación de que los logros que uno alcanza no se deben a la capacidad que tiene para llegar a ellos sino que son resultado de tener suerte, haber trabajado mucho más duro que otras personas o de haber manipulado las impresiones de otras personas sobre uno mismo para que crean que es capaz.

Quienes lo experimentan, son incapaces de asumir que son personas competentes y con talento, temen constantemente no poder mantener sus logros y por eso suelen necesitar ayuda para asimilar que merecen los logros que se han ganado.

Este fenómeno fue descrito por primera vez en 1985 por la psicóloga Pauline Clance al observarlo en mujeres con gran éxito profesional. En múltiples estudios que se han realizado desde entonces, se ha demostrado que esta experiencia del impostor ocurre en ambos sexos, en diferentes ámbitos profesionales y formativos y también en cualquier cultura. De hecho, se estima que un 70% de las personas, experimentan al menos una vez en su vida, un episodio de estas características.

Según Clance, esta experiencia interna de fraude intelectual, no se trata de una enfermedad dañina y autodestructiva, pero sí interfiere en el bienestar mental de la persona, ya que produce sentimientos constantes baja autoestima, inseguridad y ansiedad.

Clance propuso estas seis características que pueden describir este fenómeno, aunque no todos los impostores las presentan todas.

 

  • El ciclo del impostor

Comienza cuando a la persona se le asigna una tarea en la que entren en juego sus aptitudes profesionales o formativas. En esta situación, el impostor manifiesta sentimientos de inseguridad, baja autoestima y ansiedad y ante ellos, puede reaccionar de dos formas: realizando un exceso de trabajo o con un proceso de procrastinación inicial seguido de una fase de preparación frenética. Una vez que el impostor ha completado la tarea, puede experimentar una sensación de alivio y satisfacción que solo es temporal ya que, aunque los impostores reciban una evaluación positiva de su trabajo,  niegan que este logro se deba a su propia capacidad. Rechazan estos mensajes positivos porque son incongruentes con su percepción de los mecanismos que emplean para conseguir sus logros. Si los impostores han trabajado excesivamente, creen que su éxito se debe a haber trabajado mucho más de lo que otros necesitan (creen que “necesitar trabajar en exceso no refleja capacidad para hacerlo”); los que inicialmente procrastinaron, probablemente atribuyen su éxito a la suerte. Estas percepciones y creencias, refuerzan el ciclo del impostor, dando lugar a sentimientos de no ser merecedores de sus logros, de estar engañando a otros sobre su capacidad, de baja autoestima y síntomas de depresión y ansiedad, que influyen en el impostor cuando se enfrenta a una nueva tarea, repitiéndose el ciclo.

 

  • La necesidad de ser especial o de ser el mejor

Con frecuencia, los impostores han sido los mejores de su clase en el colegio o el instituto. Sin embargo, en un marco más amplio como la universidad, se dan cuenta de que hay más gente como ellos y de que sus habilidades son habituales. En este contexto, los impostores subestiman su propio talento y consideran que son estúpidos cuando no son los mejores.

 

  • Tendencia al perfeccionismo

Los impostores esperan hacer todo de manera impecable en todos los aspectos de su vida y establecen metas muy altas (casi imposibles) que deben alcanzar.  Cuando no son capaces de cumplir estas expectativas se sienten decepcionados y se consideran fracasados.

 

  • Miedo al fracaso

Los impostores sienten ansiedad cuando se exponen a una tarea porque temen un posible fracaso y cometer errores les genera sentimientos de vergüenza y humillación. Por eso, los impostores tienden a trabajar en exceso para asegurarse de que no fallarán.

 

  • Negar la propia capacidad y subestimar los elogios

Los impostores tienen dificultades para asimilar sus propios logros y suelen atribuir su éxito a factores externos.  No solo subestiman las valoraciones positivas y la evidencia objetiva de sus logros, sino que además desarrollan argumentos para probar que no merecen ese reconocimiento. Es importante tener en cuenta que el fenómeno del impostor no es una demostración de falsa modestia.

 

  • Miedo y culpa ante el éxito

Esto está relacionado con las consecuencias negativas del éxito. Por una parte, cuando sus logros son inusuales en su familia o sus iguales, los impostores sienten que se distancian de ellos, les desborda la culpa de sentirse diferentes y les preocupa ser rechazados por los demás. Por otra parte, también tienen miedo de que el éxito pueda conducirles a mayores demandas y expectativas más altas por parte de su entorno. Se sienten inseguros de su capacidad para mantener su nivel actual de desempeño y les preocupa que estas expectativas más altas puedan poner en evidencia que son un fraude.

Para los impostores, el éxito no significa felicidad. Experimentan miedo, estrés, baja autoestima y sentimientos de incomodidad con sus logros. Los temores del impostor interfieren con su capacidad para aceptar y disfrutar de sus habilidades y sus éxitos y tienen un impacto negativo en su bienestar emocional. Cuando se enfrentan a una tarea, los impostores sienten una ansiedad incontrolable debido a su miedo al fracaso y la repetición del ciclo del impostor refuerza el agotamiento emocional, la pérdida de motivación, la culpa y la vergüenza sobre sus logros. Las expectativas perfeccionistas también contribuyen al sentimiento de ineptitud, aumentando los niveles de estrés y depresión cuando los impostores perciben que no son capaces de cumplir las metas que se han establecido para sí mismos o las expectativas  del entorno. Las observaciones clínicas de Clance revelaron que los altos niveles de ansiedad, depresión e insatisfacción general con la vida son preocupaciones comunes que motivan a los impostores a buscar ayuda profesional.

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