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El desarrollo de la autoestima en el niño: Sentirse Amado. Parte 2

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Como veníamos hablando en el anterior artículo, dos son las principales necesidades del niño. La satisfacción de estas necesidades establecerá una buena autoestima en el niño, quien podrá afrontar las futuras demandas del desarrollo con recursos y sentimientos de autoeficacia. Estas dos necesidades son: sentirse amado y sentirse valioso. Hoy seguiremos desarrollando de qué está hecho ese “sentirse amado”.Una buena manera de entrar de nuevo en el tema es hacer cada uno una reflexión propia sobre: “¿cuándo me siento yo amado?, ¿qué cosas hacen que pueda sentir el amor de una persona?”.Una respuesta frecuente a estas preguntas es el sentirnos acogidos en nuestras “debilidades”. Si soy una persona muy sensible a la que le afectan mucho las cosas o si me enfado a menudo porque me altera que las cosas no sigan un esquema… necesito que estas características sean recibidas y atendidas lo mismo que mi alegría, buen humor y mi capacidad de ayuda. Es decir, no queremos que nos acepten sólo nuestra parte más fácil o nuestra cara más bonita, sino que reciban  toda nuestra complejidad, lo bonito y lo menos bonito, lo cómodo y lo que produce algo más de tensión.

Esto no significa que el otro nos deje actuar de cualquier modo sin ponernos límite (que pueda gritar e insultar porque estoy enfadada, p.e.), pero sí que acepte nuestra manera de sentir.

Derecho a los propios sentimentos para desarrollar la autoestima en el niño.

He elegido detenerme hoy mucho en esto porque creo que con los niños existe muchas veces esta confusión: como si aceptar que sienten de una manera es aceptar que se comporten de cualquier forma. O porque queremos evitarles que se sientan mal como si ellos no tuvieran que enfrentarse en el futuro a todo tipo de emociones y de situaciones.  Y también porque creo que la famosa inteligencia emocional  es uno de los grandes pilares que nos va a ayudar a conocernos y crecer más como personas y construir mejores relaciones.Muchas veces con los niños hacemos cosas que no aceptaríamos que nos hicieran a nosotros. En relación con lo emocional, muchas veces les decimos:

"No puedes enfadarte porque te haya cogido tu cochecito. Tienes que compartir."

Seguramente si a nosotros llegaran y nos quitaran algo nuestro, que para nosotros es muy preciado (el maquillaje, la agenda, el móvil…), lo mínimo que ocurriría es que nos sentiríamos muy invadidos y nos vendría una indignación enorme. Una cosa es que, como padres, queramos fomentar que el niño comparta o no queremos que pegue a otro niño porque le ha cogido su juguete. Sin embargo, para hacer esto último no es necesario ni útil que le neguemos la emoción que el niño tiene. El niño claro que está enfadado, y ese es su derecho porque es una reacción propia que él no decide tener y que de hecho le ocurre, y no le ayudamos si le decimos que no puede estarlo. Es como si a los adultos nos dijeran que no podemos estar tristes o enfadados. ¿Cómo que no?, ¿Pero si ya lo estoy?Negarle el derecho a tener sus propios sentimientos o negarles los que tiene: cómo vas a estar triste, pero si eso es una tontería… atenta mucho contra la necesidad básica de sentirnos queridos tal cual somos, porque nos deja en duda sobre nosotros mismos: ¿estoy enfadado y no puedo estarlo?, ¿no estoy enfadado aunque yo crea estarlo?. Nos hace desconfiar de lo que sentimos y eso crea una separación con nosotros mismos: dejamos de querernos cuando aparecen emociones que los otros tampoco nos han podido querer.   

Permitir el sentimiento no implica permitir la conducta

Podemos buscar influir en el comportamiento del niño sin tener que anular lo que siente: – Te has enfadado porque Luis te ha cogido tu coche. Es normal que te enfade porque querías jugar tú con él. A veces a ti también te gusta jugar con sus juguetes. Podemos dejarle un rato y luego le pedimos que te lo devuelva…

Lo importante aquí es no negar lo que el niño está sintiendo, luego, cada uno encontrará distintas maneras de cómo negociar sobre la conducta. Si no anulamos su emoción sino que le ponemos nombre y lo aceptamos (estás triste porque vas a estar toda la mañana lejos de mamá,…) el niño aprende a entender qué le está pasando y desde ahí podrá aprender a manejarlo. A nosotros además nos permite empatizar con lo que el niño siente, ya que estamos haciendo un esfuerzo por entender qué le pasa, nombrarlo y aceptarlo. Lo cual no implica que el niño pueda hacer totalmente lo que quiera (pegar, romper cosas,…).

 

Como veníamos diciendo, una de las bases principales de la autoestima es sentirse aceptado en la propia individualidad y la parte emocional es algo muy íntimo de cada uno y que nos define: hay niños más alegres, los hay más serios, hay niños que apenas se enfadan, otros más,…y como adultos necesitamos conocer sus características. No las que nos gustaría que tuvieran, sino las que verdaderamente tienen. De hecho, si queremos que evolucione su mundo emocional y que no necesite entrar en tanta rabieta p.e. sólo se va a poder conseguir desde un lugar de aceptación primero de lo que hay  y no de represión. Si prohibimos que el niño exprese rabia, lo que conseguiremos es que internamente ésta aumente y además el niño no pueda aprender a manejarse con ella porque “está prohibido sacarla”. La irá conteniendo hasta que cada cierto tiempo estalle o perderá la capacidad de expresar malestar cuando algo no le parezca bien y entonces se irá sometiendo a situaciones que su propia naturaleza habría rechazado. Será más útil para él que le permitamos sacarla en maneras que no dañe a nadie, ni a sí mismo, ni a objetos.

Como hemos ido viendo, “sentirse amado” tiene mucho que ver con sentir que el otro nos mira a nosotros, a lo que somos (no a lo que había imaginado que seríamos o a lo que le gustaría que fuésemos) y nos ayuda a entender lo que nos ocurre y respeta nuestra propia manera. Acepta que soy alguien diferente a él y pasa tiempo conmigo y se interesa por mí. Tiene curiosidad por conocerme y me ayuda a ir manejando las emociones que voy sintiendo. Permite también las emociones que no le agradan y me acompaña con ellas, cuidando de que no se conviertan en algo dañino para mí ni para los otros.

Sentirse amado es sentir que estoy bien siendo quien soy.

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