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¿De qué nos habla la conducta de un niño?

Hoy en día es muy común que tengamos rutinas repletas de horarios y tareas.  Pendientes del reloj y de lo planeado, es difícil tener un tiempo para preguntarnos qué hay detrás de las conductas que vemos en nuestros niños. Vivimos nuestra rutina tranquilamente, hasta que un día de pronto nuestro niño tiene una respuesta muy fuerte, o comienza a tener conductas un poco más conflictivas. Entonces tratamos de analizarlas, pensando si tiene algún motivo para ello: “no tiene razón para ponerse así porque se lo llevo diciendo toda la semana “, “él sabe que le toca hacer la tarea a esa hora”…y finalmente sacamos un juicio de si esa conducta está bien o no y nos alarmamos si nuestro hijo no se está comportando como debería.

 

Aunque tratamos de preguntarnos por lo que no se ve: ¿qué le ha pasado internamente, qué le molestó? , podemos descartar sus explicaciones porque las miramos desde nuestra perspectiva adulta y pasamos a querer cambiar la emoción que el niño está teniendo. Muchas veces nos falta tiempo para tratar de entender cómo es que se siente así y sobre todo crearle un espacio en el que (controlada ya la conducta destructiva si la hay) sienta que aceptamos su emoción y que si quiere puede contarnos qué es lo que le está ocurriendo.

 

Como bien sabemos, la conducta es un reflejo de lo que está ocurriendo dentro, nos permite inferir el mundo interior del niño. Y de ese mundo interno, una de las informaciones más útiles que nos da es el nivel de autoestima de la persona.  Si un niño no quiere arriesgarse a hacer cosas nuevas, necesita tener todo controlado, mandar él,…nos habla de una persona que no confía en poder realizar nuevos retos. O si pelea constantemente por saber quién es el más fuerte, nos habla también de una necesidad de sentirse así porque internamente está dudando de ello. O critica a los demás porque así se siente él mejor ya que si no lo hace se siente peor,…Muchas “malas conductas” son un reflejo de una necesidad profunda del niño de reestablecer la imagen de sí mismo. Además de que nos informan de cuál es la imagen que tiene de él actualmente.

 

Si un niño piensa que socialmente es muy torpe, esa angustia le llevaré a moverse torpemente entre sus iguales. Si considera que es un inútil en los estudios, sólo podrá actuar de la manera en que se confirmen sus ideas porque no ve posibilidad de hacerlo de otra forma.

 

Como señala Dorothy Corkille en su libro sobre la autoestima El niño feliz, la culpa- el juicio negativo que ponemos sobre nosotros mismos- es el núcleo de las alteraciones emocionales y la baja autoestima. Por tanto, cuando a un niño que se porta mal y nos está diciendo que no se encuentra a gusto consigo mismo, le criticamos y juzgamos su comportamiento, no estaremos haciendo más que ahondar en su baja autoestima y su nivel de culpa. Por eso es necesario cuando hay alguna conducta difícil en casa tratar de entender qué hay detrás de ella. El ejemplo más clásico es el tema de los estudios, en el que los padres suelen tachar fácilmente a un hijo que no saca buenas notas de vago. Sin embargo, parece lógico pensar que cualquier niño preferiría sacar buenas notas y tener a sus padres contentos y que probablemente sea más complejo el asunto: que tenga preocupaciones que le absorben la atención, que no comprenda algunos temas y no sepa expresarlo bien, que se inquiete mucho si tiene que pasar mucho tiempo sentado o que sienta que se le da tan mal que haga lo que haga no va poder resolver el tema. Esto último nos conduce de nuevo a la autoestima. Las percepciones y los juicios que tenemos sobre nosotros mismos son tan poderosas que influyen constantemente en todos nuestros actos y nuestras motivaciones.

 

Si logramos comprender qué ideas tiene el niño de sí mismo, si se siente querido y valorado en casa, cuánto de capaz se ve frente a los retos del día a día, si se siente integrado con sus compañeros, , …podremos entender más fácilmente el tipo de conductas que el niño está desplegando.

 

Al igual que el niño está viviendo esta continua manifestación de su autoestima en sus actos, lo mismo ocurre con nosotros mismos: aparecen las ideas que tenemos de nosotros, nuestras exigencias, nuestras expectativas de qué tipo de madres y padres queremos ser, qué tipo de hijo queremos tener,…Así que en paralelo tenemos varios mundos interiores funcionando constantemente. No podemos entender la conducta de un niño sin entender el contexto en el que se ha dado y más allá de eso, qué parte de nuestra conducta le ha podido llevar a sentirse así.  “Yo le repito una y otra vez que se siente porque si no lo hago no hay manera…”. Y está claro que la intención del adulto suele ser la de ayudar (al igual que la del niño suele ser hacer las cosas que él considera buenas), pero es importante que nos paremos a observar  cómo lo vive nuestro hijo.  

 

Cabe especificar que a veces, por falta de límites en el ambiente, los niños saben que con “malas conductas” pueden conseguir lo que quieren. Por ello es necesario distinguir cuando el niño no tiene otra opción que actuar como lo hace porque es su imagen interna la que le lleva a eso o cuando es una manera de manipular y controlar lo que sucede en su entorno. Además de diferenciar esto, es importante tomar conciencia de que si un niño logra lo que quiere a base de rabietas o de chantajes, esto mismo distorsionará la imagen que tiene de sí y de cómo relacionarse con los demás: puede sentirse muy poderoso, por encima de los demás, y al mismo tiempo distanciarse de la necesidad que todos tenemos de sentirnos escuchados y comprendidos. Cambiará la necesidad de sentirse en empatía con los demás por la necesidad de controlar a otros. A nivel profundo esto no satisface la necesidad de integrarse con los demás, por lo que habrá una autoestima aparentemente alta pero que internamente es frágil y se frustra cuando no puede mandar. Evidentemente, comprender al niño no implica no ponerle límites.

 

En cualquier caso, los sentimientos negativos siempre son anteriores a las conductas negativas. Ahondar en qué causa estas emociones negativas y aceptar que son las que en este momento está viviendo el niño nos permitirá comprender la idea que tiene de sí y ayudarle a cambiarla si es una idea que le hace sufrir.

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