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Creciendo con las emociones: La Vergüenza

unpaseoporlamente.com

Siguiendo con la idea de que ninguna emoción es mala de por sí, sino que son guías que nos ayudan a comprender qué nos está ocurriendo y qué necesitamos hacer con ello *, hoy vamos a adentrarnos en otra de las emociones que más rechazo nos causa: la vergüenza. La vergüenza es tan poderosa que en cuestión de un milisegundo puede hacer que todo nuestro yo se tambalee, tengamos una sensación muy potente de turbación, de total invalidez y de indignidad. Es tan fuerte la sensación que la vivimos como una realidad, dando por seguro que los demás también nos ven así y que nos desprecian por ello. Lo único que queremos en ese momento es desaparecer.

Vergüenza que ayuda, vergüenza que perjudica

Sin embargo, todos hemos pasado por momentos de vergüenza y no siempre se ha convertidoen un problema. Puede ocurrir que en un momento de duelo con un grupo de personas se me escape un comentario desafortunado o que en un trabajo importante en grupo, olvide hacer algo que me correspondía y quiera desaparecer cuando me percate. A pesar de la incomodidad de la vergüenza, ella va a ser la clave para darme cuenta de mi error, reconocer que he fallado al grupo que contaba conmigo o que he descuidado a una persona  y que pueda disculparme o hacer algo para repararlo.

Esta es la parte “sana” de la vergüenza. Sin embargo, no siempre es así.

Como veis en los ejemplos anteriores la vergüenza me ayuda a entender que he hecho algo que para mí misma está mal. Sin embargo para que “me ayude” tengo que poder poner unos límites a la emoción. No es lo mismo pensar: ¡cómo he podido decir eso! que pensar: ¡soy estúpida, siempre meto la pata!¡ mejor no decir nunca nada!.

Cuando la vergüenza pasa a convertirse en algo constante, en una sensación muy nuclear de no ser válida, de que todo lo hago mal, de que lo que siento es inaceptable, entonces la vergüenza deja de ayudar y se convierte en un problema.

Cuando la vergüenza se mete dentro

Son numerosas las razones por las que esta emoción empieza a cronificarse: hay formas de educar que restringen muchas conductas y que usan alguna forma de humillación para corregir la conducta, el haber recibido acoso y desprecio por parte de los compañeros, cualquier tipo de maltrato,…

Todas tienen en común el que hay alguien que avergüenza: padres, profesores, compañeros,.. Cuando estas vivencias se prolongan en el tiempo, la persona interioriza esos mensajes y empieza a decírselos ella misma: no te sientes así, eres ridícula, no cuentes cómo te sientes, no les va a interesar,…. La persona que ha sido avergonzada se ha creído tanto los mensajes que avergonzador y avergonzado pasan a estar dentro de la misma persona.

Además, así consigue que dentro de ella haya una parte que previene las humillaciones: si yo misma me corrijo, nadie me dirá nada desde fuera… Ésta es la trampa que hace que la parte avergonzadora pueda vivirse como una aliada: menos mal que me digo estas cosas, porque si no haría el ridículo siempre.

Una terrible consecuencia: el aislamiento

Una de las más graves consecuencias de la vergüenza crónica es el aislamiento progresivo en el que entra la persona. Como lo que me ocurre me parece indigno, trato de no compartirlo con nadie, ya que creo que me despreciarán. Si considero que no soy válida, trataré de mantenerme lo más invisible posible, o dejando de estar con la gente o manteniéndome lo más “neutral” posible: no exponerme, no hablar de mí, no dejar ver cómo soy. Sin embargo, en un principio, la vergüenza aparece para avisarme de “errores” en relación a otros, para poder reparar y estar integrada. Es decir, la vergüenza buscaría ayudarme para poder estar bien con mi gente y sin embargo, al cronificarla, se vuelve contra mi misma y me va dejando fuera del grupo.

Esto a la larga conlleva mucho sufrimiento, ya que todos necesitamos sentirnos pertenecientes y queridos y valorados tal cual somos. Al quedarnos aislados, nos ahorramos el malestar, pero también nos privamos de todo el contacto sincero y auténtico que necesitamos con los otros.

¿Cómo curar la vergüenza que nos hunde?

Como hemos visto, cuando existe el problema, el avergonzador y el avergonzado ya están dentro de la misma persona, por lo tanto, es una batalla que se libra dentro.

Es importante ir pudiendo distinguir estos dos personajes, tomar distancia de ellos y buscar de dónde vienen.

Entender que hay cosas que me viene bien corregir puede ser útil, pero decirnos esto mientras descalificamos toda nuestra persona inutiliza todo lo anterior. Habrá que ir convirtiendo al avergonzador en una parte nuestra que nos ayude pero que nos diga las cosas sin criticarnos, sin aislarnos porque nos considera inútiles y que nos ayude a mostrarnos y a sentirnos en contacto con los demás.

Cuando la vergüenza está muy asentada a veces es difícil hacer este camino sin ayuda porque necesitamos una mirada desde fuera que nos impulse y nos haga confiar en que realmente somos válidos.

En cualquier caso, recorrer el camino de curación nos devolverá una sensación de bienestar con nosotros mismos y de querernos con todo lo que somos.

*Para leer más sobre esta visión introductoria de las emociones, os remitimos al artículo de “Creciendo con las emociones: El miedo” .

2 Comentarios

  1. Pablo dice:

    Yo me he sentido y actuada así muchas veces sobre todo el tema de ridiculizarme y autocriticarme por no actuar como me gustaría en temas cuando estoy frente personas que no conozco. Me gustaria auuda. Gracias

    • un paseo por la mente un paseo por la mente dice:

      Estimado amigo, la vergüenza es una sensación humana de consciencia. El problema viene si sientes que se ha extendido a muchas áreas de tu vida y te sientes incapaz de superarlo por ti mismo, en ese caso recomendamos ponerse en manos de un profesional que te oriente y te presente posibles estrategias de afrontamiento.
      Recuerda que también puedes encontrar consejos de utilidad en este blog y seguirnos en facebook ,esperamos que nuestras publicaciones sean útiles para ti.
      Un saludo y gracias.

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