¿Por qué tengo que esperar varias semanas para que me haga efecto el antidepresivo?
21 octubre, 2016
Reflexiones sobre la autoestima
4 noviembre, 2016

* Creciendo con las Emociones: El MIEDO

www.unpaseoporlamente.com

Quizá alguien lea el título de este post y le parezca paradójico: ¡¿crecer con miedo?!  Y puede que otra persona al leerlo, le atraiga y piense: sí, quiero crecer con este miedo que siento, ¿cómo lo hago?

Lo que diferencia a estas dos personas es que la primera considera que hay emociones positivas y negativas. Cuando creo esto, lo natural es querer sentir sólo las buenas y rechazar las malas. ¿Y esto no es lo que quiere todo el mundo? – se preguntará alguno. La respuesta está en la voz de la segunda persona: existe la posibilidad de aceptar lo que siento y ver qué puedo hacer con ello. Apoyarse en las emociones para crecer requiere entender qué nos quieren decir, en vez de recibirlas o rechazarlas en función de si me hacen sentir bien o mal.

Veamos. Las emociones son señales que nos avisan de algo. Si yo intento obviar la sensación de miedo que tengo, por ejemplo, no hago más que bloquear el aviso de que algo me está pasando y dejo de enterarme de lo que me quiere transmitir ese miedo. Como si al recibir la notificación de una multa, por enfadarme y no gustarme lo que pueda leer en ella, no voy a recoger la multa y  tiro el aviso, para hacerlo desaparecer cuanto antes. No parece muy útil reaccionar de esta manera, ¿verdad?

¿De qué nos habla el miedo?

Cuando sentimos miedo significa que estamos percibiendo una amenaza. Algo hay que nos supera y nos hace sentir como que no vamos a poder afrontarlo. De hecho, lo que viene a contarnos el miedo es que estamos en una situación en la que nuestros recursos no son suficientes o creemos que no lo son. Esto último implica que puedo tener los recursos pero que no sé que los tengo. P.e. en experiencias que no hemos tenido hasta ahora. Puedo estar asustada la primera vez que tengo que dar una charla en público y descubrir que me siento cómoda y que puedo hacerlo sin dificultad.

Depanic-button-1067100_640scubrir cuáles son los recursos que me faltan forma parte del aprendizaje que necesito hacer. Si seguimos con el ejemplo de la charla, son distintas las razones que pueden asustarme: sentir que no domino el tema suficientemente, que no tengo el conocimiento para responder a posibles preguntas, que no sé relativizar y contextualizar las críticas, que no sé reaccionar frente a halagos externos…Es decir, una misma cosa puede asustar a distintas personas por diversas razones.

De hecho, cada miedo es algo muy particular y personal. No podemos valorar el miedo de otra persona porque no podemos saber con qué recursos cuenta. A mí puede parecerme fácil ponerme a dar una charla porque es una situación que no supone una  dificultad para mí. Sin embargo, para la otra persona, con los recursos con los que cuenta, supone un momento de riesgo. Esto nos habla de que todos tenemos un umbral de miedo. Si nunca he sentido miedo puede ser que no me haya expuesto a situaciones que no controlo. O podría ser también que el miedo es algo tan inadmisible para mí que he cortado la percepción de él, lo cual no significa que internamente no me ocurra, sino que no lo siento. Lo natural como seres humanos es experimentar todo el abanico de emociones.

Cuando los miedos parecen más irracionales, ocurre que no sabemos qué significa esa amenaza para esa persona. P.e. si tomamos el miedo a las cucarachas podemos pensar que es difícil no tener recursos físicos para enfrentarla. Sin embargo, puede ser que el animalito represente la fragilidad o el susto que no quiero ver en mí misma, o me recuerda el acorralamiento que percibo en otras situaciones…Lograr descubrir qué representa ese miedo es la manera de poder ir superándolo.

¿Cuándo empieza a convertirse el miedo en un problema?

Hasta ahora hemos visto un miedo manejable, que nos ayuda a darnos cuenta de nuestras carencias en una situación concreta. Pero, ¿qué ocurre cuando el miedo se convierte en una sensación tan fuerte que perdemos el control, como en un ataque de pánico o en una fobia? Éstas son situaciones donde el miedo nos ciega. ¿Qué ocurre ahí?

Si, como hemos dicho antes, considero que sentir miedo es algo negativo –es de cobardes o de débiles-, en cuanto sienta miedo se va a desencadenar otra emoción: enfado, culpa, vergüenza,…que va a pelearse con el miedo y que lo único que quiere es que éste desaparezca cuanto antes. Por tanto, ya no ocurre sólo el miedo sino la reacción ante ese miedo. Esta reacción de rechazo hacia el miedo hace que en vez de preguntarnos qué nos está diciendo, tratemos de cerrarle la boca cuanto antes y no escuchemos nada de lo que trae para contarnos. Al hacer esto, el miedo va aumentando, va subiendo la voz para ver si de esta manera consigue hacerse escuchar. Él trae un mensaje y va a hacer todo lo que pueda para que la persona lo reciba. Así es como comienza a cronificarse y a aumentar el miedo. Con el tiempo esto puede convertirse en ataques de pánico que en cuestión de segundos pueden despertar una sensación de intensa angustia. Y si no escuchamos el mensaje original (p. e., miedo a sentirse frágil), el miedo puede ir tomando formas más difíciles de entender (p.e. miedo a las cucarachas).

¿Cómo afronto el miedo entonces?

Por difícil que pueda resultar, la clave con el miedo es ir aprendiendo a verlo como un aliado y no como un enemigo. Se trata de en vez de matar al mensajero, escuchar lo que tiene que decirnos para poder ponernos manos a la obra a solucionar o a desarrollar lo que nos está faltando. En vez de juzgarle, criticarle y tratar cuanto antes de hacerlo desaparecer, aprender a darle su espacio y darle voz, para que no tenga que chillar y para que pueda, una vez escuchado, descansar y dejar paso a otras emociones.

*Este artículo es una síntesis de parte de las ideas expresadas por Norberto Levy en su libro “La sabiduría de las emociones”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*