Reacciones adversas a medicamentos.
28 mayo, 2018

Conexión entre mente y cuerpo IV: ¿Cómo reacciona nuestro cuerpo ante el estrés?

El último post dedicado a este apartado lo habíamos dejado en que la teoría de Cannon-Bard, fue la primera en dilucidar que el origen de la emoción, no había que buscarlo en la actividad visceral (modificaciones en nuestros aparatos u órganos), sino que la clave estaba a nivel del Sistema nervioso central. Se desechaba así la teoría visceral de James y Lange, que era la que imperaba hasta el momento, y que decía que las emociones provenían de cambios en nuestro cuerpo. Una de estas emociones sería la ansiedad/estrés, la cual vamos a intentar explicar cómo se desencadena y cómo se empieza a manifestar en nuestro cuerpo a través de este y posteriores textos.

 

El ser humano durante miles de años se ha tenido que enfrentar a infinidad de peligros a lo largo de la historia. Cuando estos se presentaban, las respuestas más eficaces para preservar la integridad del sujeto eran dos: LA HUIDA o La LUCHA. Los mecanismos psicofisiológicos que nos preparan para tener estas reacciones frente a una situación que nos genera ansiedad, han cumplido un papel eficaz a lo largo de la evolución. Aunque el ser humano ya no tiene que enfrentarse con los animales que corren detrás de él para convertirlo en su cena; otros muchos agentes estresantes le rodean y le acompañan a lo largo de su existencia, haciendo que el fantasma del peligro le aceche detrás de diversas situaciones, y preparándose por tanto el organismo para enfrentarlos.

Empezaremos haciendo mención a conclusiones a las que llegaron algunos autores a partir del estudio del estrés en animales, para luego extrapolarlas al ser humano. De esta manera veremos como tanto el sistema nervioso simpático como la glándula suprarrenal son dos “estructuras” con las que cuenta nuestro cuerpo para defenderse frente amenazas.

Primero Walter Cannon, fisiólogo estadounidense, al estudiar las reacciones de pánico en el gato que se enfrentaba a la amenaza de un perro, iba a demostrar que las reacciones de huida o de combate, conocidas en el campo de la salud mental como “flight or fight”, estaban asociadas a una serie de modificaciones producidas en nuestro cuerpo que se pueden relacionar con la liberación de una hormona, “la adrenalina”.

La liberación de esta hormona está relacionada con la actividad del sistema nervioso simpático (parte de nuestro sistema nervioso del que hablamos en anteriores post), como demostraron los experimentos que el fisiólogo observó en los que se extirpaba el sistema nervioso simpático a gatos, exponiéndolos a continuación a una amenaza, el perro. El gato al que se le extirpaba esta parte del sistema nervioso autónomo (recordemos que estaba constituido por el SN simpático y el SN parasimpático), se mostraba apático y no lograba defenderse; sin embargo, con una inyección de adrenalina, el gato se ponía a “la defensiva”, es decir, corporalmente se preparaba para enfrentar el peligro al que se le exponía. De estas observaciones concluyó que una inyección de adrenalina podía reproducir los cambios biológicos en el cuerpo, y comportamentales, observados en los gatos expuestos al peligro de estar ante un perro.

Por otra parte, Hans Seyle, fisiólogo y médico austrohúngaro, recurriendo a agentes agresores físicos o químicos de naturaleza diversa, constató que todos los animales con los que experimentó, y a los que sometió a estresores, presentaban en su autopsia lesiones en sus organismo que eran similares: úlceras gástricas, involución del timo y de los órganos linfáticos, así como aumento de la corteza suprarrenal. De lo que se puede deducir que estrés incide sobre los mismos órganos.

En concreto, H. Seyle, sacó la conclusión de que la activación de las glándulas suprarrenales era el eje central de la respuesta fisiológica al estrés, puesto que además de que se producía un aumento de su tamaño ante las agresiones físicas o químicas realizadas a animales (hipertrofia de las mismas); si se las extirpaba, hacían al organismo animal mucho más sensible y vulnerable a los factores de agresión.

Con estas experimentaciones se fue deduciendo que el organismo está provisto de una estructura funcional, mediada por el sistema nervioso simpático y en la que participa la glándula suprarrenal, capaz de reforzar los medios de los que dispone el cuerpo para luchar contra un peligro, entre otras cosas movilizando rápidamente una energía almacenada considerable.

La glándula suprarrenal tiene dos partes que nos van a interesar para este post, su corteza, encargada de la producción de hormonas como los glucocorticoides, entre los que se encuentra el cortisol, y su médula, donde se fabrica la adrenalina. Tanto el cortisol como la adrenalina podrían ser consideradas como “las hormonas del estrés”.

Podemos decir que cuando el cerebro detecta una amenaza, se activa una respuesta fisiológica coordinada entre varios sistemas, entre los que están el sistema nervioso autónomo, sistemas neuroendocrinos (hormonas), el sistema metabólico (encargados de movilizar la energía a través de la liberación de glucosa o triglicéridos almacenados, o de aumentar la producción de calor) y el sistema inmune (encargado de las defensas).

Para intentar describir de la manera más resumida y sencilla posible, las estructuras implicadas en la preparación de nuestro cuerpo frente al estrés, podríamos hablar de dos ejes.

Primero el eje simpático-medulosuprarrenal, estructura neuroendocrina que conecta parte de nuestro sistema nervioso, el sistema nervioso autónomo, con la médula de la glándula suprarrenal, y que está  implicado en la respuesta inmediata al estrés, por medio de la adrenalina y la noradrenalina.

Segundo el eje hipotálamo-hipofiso-corticosuprarrenal, otra estructura neuroendocrina que conecta partes de nuestro cerebro como son el hipotálamo y la hipófisis, con la corteza de la glándula suprarrenal, y que está implicado en la respuesta mantenida al estrés, por medio de las hormonas CRF, ACTH y los glucocorticoides.

La adrenalina, segregada por la médula suprarrenal, y la noradrenalina, segregada por las terminaciones nerviosas simpáticas, son dos hormonas o neurotransmisores, que pertenecen ambas a la familia de las catecolaminas. Se liberan de forma inmediata ante situaciones de estrés, con un pico de secreción aproximadamente a los 2 minutos tras la exposición al estímulo estresante.

Estas catecolaminas son las responsables de la mayoría de los cambios observables en la respuesta inmediata a la agresión ambiental (estrés), la mediada por el eje simpático-medulosuprarrenal. El sistema nervioso autónomo activado ante una amenaza informa a la médula suprarrenal con Noradrenalina de que tiene que producir Adrenalina. Así con la liberación de Adrenalina, en el cuerpo se produce taquicardia, aumento de la presión arterial, dilatación de los vasos sanguíneos que riegan los músculos para que les llegue más sangre, disminución del tamaño de los vasos que van al territorio digestivo para canalizar la sangre hacia otras zonas más necesarias en la respuesta, aumento del calibre bronquial para respirar mejor, aumento de la glucosa en sangre, aumento de los triglicéridos en sangre, aumento de la producción de calor, pilo erección, etc. Todo estos cambios van encaminados a preparar lo más rápido posible al organismo para huir o luchar.

Por otro lado están, los glucocorticoides, siendo su máximo exponente el cortisol. Estos no están almacenados permanentemente, sino que se fabrican cuando existe una demanda, es decir, cuando se le dice a la corteza suprarrenal que se ponga manos a la obra por algún motivo. Una manera en la que nuestro cuerpo le avisa a la corteza suprarrenal que hay que fabricar cortisol es a través de la ACTH (hormona corticotropa), hormona liberada por la hipófisis anterior (estructura de nuestro cerebro). La liberación de ACTH a su vez está regulada por la corticoliberina o CRF, neuropéptido sintetizado por las neuronas del núcleo paraventricular del hipotálamo.

El cortisol, la ACTH y el CRF, son las hormonas implicadas en el eje corticotropo, que a diferencia del eje simpático-medulosuprarrenal, da una respuesta más retardada al estímulo amenazante, que tiene su pico a los aproximadamente 5-30 minutos de la exposición a la amenaza, pero que dura más. El CRF del hipotálamo dirá a la hipófisis que produzca ACTH para que la corteza suprarrenal produzca corticoides, en especial cortisol.

Los corticoides potencian los efectos metabólicos de las catecolaminas y toman su relevo, mediante la formación de glucosa a partir de sustratos no lipídicos, favoreciendo el catabolismo proteico (consumo de proteínas), la gluconeogénesis, (formación de glucosa) y reduciendo la captación de glucosa por los tejidos que no se necesiten para la respuesta. Todos estos cambios corporales van encaminados a seguir movilizando energía para combatir los desencadenantes del estrés. Además frenan al mismo tiempo la aceleración de las reacciones celulares a la agresión.

Por último el CRF activa no solamente la secreción de ACTH, sino también de la beta endorfina, polipéptido opioide endógeno, que produce nuestro cerebro, y que tiene múltiples acciones: inmunomoduladoras, moduladoras de la transmisión de las percepciones corporales nociceptivas (dolor, sensibilidad), etc.

Para concluir, volveremos a citar a H. Seyle, quien resumió todas sus observaciones en una obra, definiendo el estrés como “el resultado no específico de toda demanda impuesta al cuerpo, ya sea su efecto mental o somático”. En el efecto que tiene el estrés sobre el cuerpo, intervienen los dos ejes que hemos comentado, el simpático-medulosuprarrenal y el hipotálamo-hipofiso-corticosuprarrenal. Estos sistemas a su vez interaccionan entre sí para que la respuesta corporal al estímulo amenazante sea lo completa y duradera que la demanda que amenaza a nuestro organismo requiera.

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