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Conexión entre mente y cuerpo III: ¿Qué son las emociones y los sentimientos?

Todos tenemos emociones, pero no siempre las identificamos, nos las permitimos, o somos conscientes de estar bajo su influjo.

 

Todas las emociones tienen su utilidad, su función, nos sirven para algo, y no les tenemos que tener miedo. Sin embargo tampoco podemos dejar que nos dominen, tenemos que aprender a regularlas, porque sino pueden llegar a “nublarnos el juicio”, bloquearnos, o hacernos actuar de una manera que luego nos arrepintamos. Podríamos decir que nacemos siendo emociones, y nuestros cuidadores nos tienen que ayudar a sentirlas y regularlas, aunque esto es un ideal que no siempre es posible, porque ¿qué pasa si nuestros cuidadores están dominados por sus emociones, no las identifican, ni sienten, ni les han enseñado a regularlas?, ¿Pueden ayudarnos con esta compleja tarea?.

 

Podríamos definir las emociones como reacciones psico-fisiológicas (reacciones que se producen en nuestro organismo, es decir, cambios físicos) que representan modos de adaptación a ciertos estímulos externos (procedentes de fuera de nuestro cuerpo) o internos (que vienen de nuestro cuerpo). Estos estímulos pueden ser objetos, personas, lugares, sucesos, recuerdos, cambios corporales, etc… Y las emociones nos permiten adaptarnos o enfrentarnos a ellos. Por ejemplo, si no tuviésemos miedo, no podríamos luchar frente a determinadas amenazas o huir de ellas, ya que nuestra mente y nuestro cuerpo no se prepararían para ello.

Son muchas las emociones, y se relacionan entre ellas. De pequeños todas las emociones las sentimos como ansiedad, pero tendremos que aprender a identificar lo que estamos sintiendo… Convertir las emociones en sentimientos, proceso nada fácil, y que el bebe o niño pequeño nace sin saber hacer, tiene que aprender y se le tiene que enseñar…

Con el término Sentimiento nos referimos a emociones conceptualizadas, analizadas por nuestro cerebro, y dotadas de un significado. Determinan nuestro estado de ánimo, es decir, nuestro estado caracterizado por la impresión afectiva que nos ha causado determinada persona, animal, cosa, recuerdo o situación en general. La ciencia cognitiva ha comprobado que el funcionamiento normal del cerebro cambia según el estado de ánimo subyacente, y que en ocasiones, incluso nuestras decisiones racionales, pueden verse notoriamente afectadas por los sentimientos, que como decíamos más arriba, pueden llegar incluso a nublarnos la razón…

Por lo tanto las emociones son expresiones neurofisiológicas (cambios en nuestro cuerpo mediados por el sistema nervioso), y sin embargo, los sentimientos son el resultado del procesamiento de nuestras emociones por el cerebro, y al ser conceptualizadas, pueden ser verbalizadas (puestas en palabras). El hecho de que hayamos procesado una emoción, y ya tengamos un sentimiento, va a determinar un comportamiento ante un acontecimiento más modulado que si solo estamos bajo el efecto de la emoción.

El sentimiento podría definirse también como la autopercepción que la mente hace de un determinado estado emocional, que como hemos dicho, a su vez se ve influido por factores neurofisiológicos (cambios en nuestro organismo). Es decir, también van a determinar nuestros sentimientos y emociones, lo que estamos sintiendo por dentro… Por ejemplo si no nos damos cuenta de que tenemos taquicardia porque estamos asustados, impacientes, ansiosos, rabiosos, etc., al no reconocer que estamos bajo una emoción, podemos asustarnos o enrabietarnos más por tener acelerado el ritmo cardiaco. O podemos llegar a incrementar más de por sí el aumento de frecuencia cardiaca que se puede producir cuando estamos enfadados, si nos asustamos del enfado y de las reacciones que está teniendo nuestro cuerpo por ello.

Walter Cannon fue el primero en dilucidar que el origen de la emoción no había que buscarlo en la actividad visceral (de nuestras vísceras), sino a nivel del sistema nervioso central. Desechaba así la teoría visceral de James y Lange que imperaba hasta ese momento, y que decía que las modificaciones fisiológicas (cambios en nuestro organismo) eran la causa de la percepción psicológica que constituye la emoción. Es decir la teoría de James-Lange decía que primero venían los cambios en nuestro organismo y después las emociones, algo que se desechó con el tiempo.

Philip Bard, discípulo de Walter Cannon, amplió y difundió las ideas de su maestro, sentando las bases de la teoría de Cannon-Bard de las emociones, según la cual los estímulos emocionales tienen dos efectos independientes pero simultáneos: provocan tanto el sentimiento de la emoción en el cerebro, como la expresión de la emoción en los sistemas nerviosos autónomo y somático (nuestro cuerpo).

La información de nuestros sentidos llega hasta una estructura de nuestro cerebro denominada tálamo, que es como una torre de control. Cannon y Bard nos aportaron que la información procedente de los sentidos acerca de un estímulo, y procesada por el tálamo, se dirigía hacia la corteza cerebral y hacia el hipotálamo (otra parte de nuestro sistema límbico como el tálamo, parte del cerebro).

 

En la corteza cerebral se produce la toma de conciencia del estímulo y lo que nos produce, y el hipotálamo, a su vez, envía información a los músculos y órganos del cuerpo produciendo cambios en nuestro cuerpo, la emoción, que va a determinar nuestra respuesta. Con lo que la corteza decida acerca del estímulo, se potenciará la emoción, el cambio que ha comenzado nuestro cuerpo preparado para responder, o no al estímulo.

 

La acción recíproca de la información de la corteza sobre lo que es el estímulo y sobre su significación emocional (incluyendo los cambios que ha provocado en nuestro organismo) tiene como consecuencia la experiencia consciente de la emoción (sentimientos).

 

Según esta teoría, las respuestas emocionales y los sentimientos ocurren al mismo tiempo. Estas dos vías suelen ser simultáneas en condiciones normales, pero hoy sabemos que pueden funcionar de manera independiente. Así aunque de manera normal se activan las dos vías, hay estímulos que no procesamos en la conciencia, no somos conscientes del sentimiento que nos produce, pero nos produce una reacción fisiológica, una emoción.

 

No somos emoción pura, tenemos sentimientos, a diferencia de algunos animales que tienen un sistema nervioso menos desarrollado. Pero para distinguirnos de los animales, tenemos que ser capaces de entender nuestros sentimientos y emociones, reconocerlos, saber cuando estamos bajo su influjo, permitírnoslos. Todo ello es clave para regular nuestros sentimientos y emociones, pero a veces nuestros cuidadores no han podido ayudarnos con esta tarea, por distintos motivos. Por lo que una psicoterapia puede ser el escenario idóneo para poder lograrlo, regularnos para actuar en consonancia con nosotros mismos y con los demás.

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