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Ansiedad de Separación: Desde la normalidad hasta la patología

unpaseoporlamente.com

El Trastorno de ansiedad por separación está clasificado dentro de los Trastornos de ansiedad, ya que la ansiedad es su síntoma cardinal, y en concreto una ansiedad con nombre propio, la ansiedad de separación, que la podríamos definir como la angustia intensa que experimenta el niño o adolescente cuando tiene que separarse de sus padres o de las personas significativas que le cuidan.

Este trastorno, tiene su origen en los estudios sobre vínculos y relaciones tempranas entre padres e hijos, ya que la ansiedad de separación se inicia durante el desarrollo psicológico de un/a niñ@ en relación con sus progenitores, siendo su presencia normal entre aproximadamente los 8 meses y los 3 o 4 años. No sólo la encontramos en el trastorno que lleva su nombre, sino que es un tipo de angustia que sobrevuela gran parte de la psicopatología infantil y del adolescente, pudiendo constituir un añadido de otras patologías.

En este trastorno encontramos una preocupación excesiva e inapropiada en lo que concierne a la separación de aquellas personas significativas para el niñ@, a una edad en la que esta preocupación o temor, ya debería estar siendo superada, es decir, a partir de los 3-4 años. Por lo tanto es una ansiedad desproporcionada para la edad del infante y para la circunstancia que la ha generado. Algunas de las formas en las que se puede manifestar son las siguientes (de hecho para diagnosticarse el trastorno hacen falta 3 o más de las siguientes):

  • Malestar repetido cuando se prevé o se vive una separación del hogar o de figuras importantes (padres, cuidadores, etc.)
  • Preocupaciones persistentes por la posible pérdida de estas figuras o porque sufran un posible daño (lesión, enfermedad, muerte, etc.)
  • Temor a que algún acontecimiento cause la separación, como un accidente, un secuestro, etc.
  • Rechazo o resistencia a salir lejos de casa, a la escuela, al trabajo, u a otro lugar por miedo a la separación
  • Miedo excesivo o resistencia a estar sin las figuras de apego en casa o en otros lugares
  • Resistencia a dormir fuera de casa o sin que estén cerca sus principales figuras de apego
  • Pesadillas repetidas sobre el tema de la separación.
  • Quejas repetidas de síntomas físicos cuando se produce o se prevé la separación de las figuras de mayor apego (cefaleas, gastralgias, dolor de tripa, nauseas, vómitos, etc.)

Como hemos dicho, la ansiedad de separación no siempre es patológica. Podríamos decir que tiene su origen entre el 6º y 8º mes de la vida del infante, cuando ya no responde con una sonrisa a cualquier adulto, o no se deja coger por cualquiera, sino que distingue al familiar (especialmente la madre o padre) de un extraño, respondiendo a este último con actitudes que van desde bajar los ojos hasta el llanto. El psicoanalista René Spitz, interpretó este comportamiento, no como una reacción de displacer ante el extraño, sino como una angustia ligada a la ausencia de la madre, constituyendo lo que denominó “angustia del 8º mes”, que revela que la madre o la figura de apego ya es claramente identificada por el/la niñ@, quien distingue lo familiar de lo no-familiar.

Alrededor de los 16-18 meses hay otro repunte de esta ansiedad… Otra psicoanalista, Margaret Mahler, en sus trabajos recoge que a esta edad el/la niñ@ ya se encuentra en la fase de separación-individuación, fase que la autora divide en otras cuatro subfases. En esta fase, el infante ya ha superado la fase autista y de simbiosis, dejando de estar absorto en sí mismo y centrado en su supervivencia, al superar la primera; y abandonando la relación madre-hij@ como unidad dual más que como una relación de dos personas separadas, al superar la segunda. En concreto entre los 16-18 meses, el infante se encuentra en la subfase de acercamiento. El infante ha atravesado ya otras dos subfases de la fase de separación-individuación: la subfase de diferenciación,  tomando conciencia de que la madre es una persona separada; y la subfase de entrenamiento, en la que con las destrezas locomotoras que va adquiriendo, va siendo capaz de explorar el mundo por si mismo, aunque volviendo frecuentemente a la madre a “reponer combustible” o ante una dificultad muy grande, para solicitar su ayuda. Sin embargo en la subfase de acercamiento de la separación-individuación, el niñ@ toma una conciencia más aguda de la separación de su cuidador, y de su vulnerabilidad sin esa figura, por lo que aparecen conductas más fuertes de ansiedad ante su ausencia primero, y ante la previsión de la separación después.

Estas conductas de ansiedad deberían ir disminuyendo a partir de los 3-4 años de edad cuando el niñ@ ya ha completado la fase de separación-individuación, y se ha consolidado en su individualidad, comunicándose con mayor facilidad, y comprendiendo mejor que su madre o padre regresarán pronto. Hasta entonces es algo completamente normal en el desarrollo de un niño, unos la presentarán con más intensidad y otros con menos, de hecho su completa ausencia sería motivo de preocupación, indicador de que algo estaría fallando en la relación con los cuidadores.

Una vez identificado este trastorno, o si vemos que la ansiedad de separación no va remitiendo, o es muy intensa alrededor de los 3-4 años, es importante solicitar ayuda psicoterapéutica para ver qué está pasando. Las condiciones que pueden llevar a este Trastorno son diversas, por lo que debe analizarse cada caso particular para poder trabajar sobre ellas. Hay que descubrir qué falló o qué impidió que el niñ@ fuese capaz de desarrollar la capacidad de tranquilizarse sin sus cuidadores y de tolerar su ausencia, si tuvo que ver, por ejemplo, con aspectos de la regulación emocional, o con la falta de desarrollo de recursos o habilidades que aumenten la sensación de vulnerabilidad, etc.

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